La ermita de San Roque, situada en el camino entre las localidades de Valdavido y Truchas, en la comarca leonesa de Cabrera, está cerrada al público y amenaza ruina, por lo que un grupo de vecinos del primero de estos pueblos ha iniciado una campaña de micromecenazgo que ha logrado ya los primeros 2.000 euros, que equivalen al 7% de lo necesario para acometer las obras. Los interesados en aportar fondos pueden hacerlo a través de este enlace.
Se trata de mucho más que un edificio: ha sido durante siglos punto de encuentro, lugar de culto y escenario de celebraciones como la festividad de San Roque cada 16 de agosto y el ascenso de pendones al castillo de Peña Ramiro, en septiembre.
Desde hace más de una década, el templo presenta goteras y grietas y en 2019 se realizó una intervención de urgencia para reforzar el arco triunfal y sustituir parte de la cubierta, pero el problema principal persiste.
La falta de cimentación adecuada está provocando el hundimiento de la estructura, por lo que los promotores de esta iniciativa argumentan en su anuncio que si no se realiza esta restauración “el destino de la ermita es la ruina”.
La campaña, impulsada por la Junta Vecinal de Valdavido y respaldada por la entidad Hispania Nostra, busca reunir un mínimo de 31.000 euros para ejecutar una cimentación inyectada con resina expansiva, y un óptimo de 60.000 para sustituir la totalidad de la cubierta y acometer otras mejoras como restauración de carpintería, bancos, iluminación solar y limpieza del retablo.
Las donaciones pueden realizarse online o mediante transferencia bancaria antes de terminar el año, con posibilidad de desgravación fiscal.
Las aportaciones incluyen recompensas simbólicas, desde el nombre en un panel de agradecimiento hasta la plantación de un árbol con el nombre del donante, láminas del templo o el apadrinamiento de un banco de la ermita.
La ermita, cuya advocación inicial fue a Nuestra Señora de las Angustias y que se dedicó también a San Roque tras las pestes del siglo XVI, conserva tallas de gran valor artístico y sentimental. Su espadaña se rehízo en 1797 y el presbiterio y la sacristía se concluyeron a principios del XIX. “Perder la ermita sería perder una parte de la esencia de todos los vecinos de Valdavido”, subrayan los promotores.
En plena España vaciada, esta iniciativa pretende no solo salvar un edificio, sino mantener vivo el legado cultural y espiritual de Cabrera. “Queremos devolverle la vida y proteger nuestro patrimonio para que nunca se pierda su espíritu”, concluyen.