Los incendios del verano de 2025 ponen en riesgo el baño en las playas fluviales del Bierzo y la economía de sus pueblos un año después

El verano en muchos pueblos bercianos empieza siempre de la misma manera. Las sombrillas vuelven a aparecer junto a ríos y piscinas, niños y mayores buscan el frescor del agua y los bares comienzan a llenarse de vecinos, visitantes y peregrinos. Pero después de esta semana, muchos alcaldes miran con la misma preocupación al cielo y a los ríos. Casi un año después de los gravísimos incendios forestales del verano de 2025, las consecuencias de las llamas siguen bajando por los cauces y ponen en riesgo algunas de las playas fluviales más importantes de la comarca.

La primera gran tormenta del verano descargó sobre el monte de Faro, en el Valle de Fornela, y dejó una imagen que todavía cuesta creer. El agua arrastró madera quemada, ceniza, lodo, piedras y árboles enteros que fueron bajando por la cuenca del Cúa hasta causar daños en distintos municipios situados aguas abajo.

Uno de los primeros lugares afectados fue la playa fluvial de Bárcena de la Abadía, en el municipio de Fabero. La fuerza de la corriente arrancó las compuertas de hierro que permiten embalsar el río y mantener la zona de baño y destrozó las estructuras donde se sujetaban. “Se las llevó el agua y no sabemos dónde están”, decía esta semana la alcaldesa, Mari Paz Martínez.

El agua alcanzó una altura pocas veces vista. “No se llevó las sombrillas de casualidad. El nivel subió por encima de la mitad del palo”, explica la regidora. El césped permanece todavía anegado y cubierto de lodo. “Tenemos toda la zona de césped acotada para que no se pueda pisar porque está todo inundado y se destroza. La hierba después tarda otra vez en salir”.

La preocupación en Fabero va mucho más allá de los daños materiales. “Lo que ha pasado, a nivel turístico es catastrófico. El año pasado tuvimos que cerrar muchos días nuestros espacios culturales por los incendios y la ceniza, y la playa fluvial nos salvó. Era un lugar de recreo, de escape, de refresco y de poder respirar”, afirma Martínez. El municipio ya sufrió las consecuencias de los incendios en el verano de 2025, con una importante caída de visitantes al Pozo Julia, la antigua mina visitable convertida en uno de los principales recursos turísticos de la zona. “Sería catastrófico que la playa fluvial de Bárcena no se pudiese abrir este verano”.

Además, nadie sabe cuánto tardará el río en recuperar la normalidad. “Tenemos muchos posos de lodo y va a costar mucho que el agua vuelva a ser clarita. Porque cada vez que vuelve a llover, el agua se vuelve a revolver porque esos posos están ahí”.

En Vega de Espinareda, el siguiente municipio aguas abajo, lograron evitar por poco un desastre similar. Desde Fornela avisaron de cómo bajaba el río y el Ayuntamiento consiguió retirar una de las compuertas antes de que la corriente las arrancase. “Menos mal que nos avisaron de cómo bajaba el río. Teníamos abierto pero gracias a eso nos dio tiempo a quitar una entera y libró un poco la situación de que el agua la arrancara”, cuenta su alcalde, Javier Salgado.

La playa fluvial, sin embargo, tampoco se ha librado de las consecuencias. “Fue una locura. Se nos quedó todo lleno de barro, lodo, árboles, de todo... Tenemos trabajo para días. Toda el agua que sigue bajando, sigue bajando como chocolate”. El río se desbordó hasta el punto de que “el agua salió por encima del césped”, recuerda el regidor.

Las consecuencias empiezan a tener también reflejo en las normas. La Junta de Castilla y León ha actualizado este viernes el Mapa de Aptitud de las Zonas de Aguas de Baño y ha declarado el río Cúa en Vega de Espinareda como zona “no apta”. El resto de las zonas de baño bercianas incluidas en el mapa autonómico, como el lago de Carucedo o el río Ancares en Vega de Espinareda, mantienen por el momento la calificación de aptas para el baño.

El alcalde teme que esta situación se repita una y otra vez. “No se ha hecho nada en el monte después de los incendios. No se ha estabilizado. Cada vez que haya tormenta nos volverá a pasar lo mismo, a todos”. Las consecuencias, advierte, van mucho más allá de limpiar el barro y retirar los troncos. “El verano es lo que mantiene muchos negocios abiertos todo el año”. Por eso, cada día que la playa fluvial permanezca cerrada supone un nuevo golpe para la economía local.

Vega de Espinareda ya sufrió el pasado verano las consecuencias económicas de los incendios forestales. “La segunda quincena de agosto solo tuvimos cancelaciones y muchas pérdidas. Este verano va a ser difícil”. Y la preocupación no se limita a la playa fluvial. “También se han destrozado muchas presas de riego. Los regantes también están sufriendo”.

Con el futuro de su principal playa fluvial en el aire, Vega de Espinareda intenta aferrarse a los otros atractivos que llenan de vida el municipio cada verano. La cuarta edición del Espina Fest, la Feria Medieval, las fiestas del Carmen del 16 de julio y las actividades organizadas en los pueblos en agosto mantienen la esperanza de salvar la temporada turística. El municipio dispone además de otra playa fluvial en el río Ancares, entre el Valle de Finolledo y San Martín de Moreda, que permanece en perfectas condiciones, además de otra zona de baño en Burbia. Pero el alcalde no oculta las dificultades: “Estamos intentando recuperar nuestra playa principal, pero va a costar”.

Salgado teme que lo ocurrido esta semana no sea un episodio aislado. “Va a ser todo el verano así. Con el tiempo hay que cruzar los dedos. El problema es que con la meteorología no se puede hacer nada, solo prevenir sus efectos, pero no se ha hecho el trabajo que se tenía que hacer en los montes”. Y resume la incertidumbre con una imagen que comparten muchos alcaldes bercianos: “Podemos pasar de que no caiga una gota a que vuelva otro tsunami como el de esta semana y lo arrastre todo”.

La preocupación se extiende también a Cacabelos. Su playa fluvial se encuentra en pleno Camino de Santiago y es utilizada cada verano tanto por vecinos como por numerosos peregrinos que hacen un alto en el municipio. “Suponemos un impacto económico grande no abrir la zona de baño”, explica la alcaldesa, Irene González. “Es una zona de baño muy concurrida”.

El posible cierre tendría una repercusión directa sobre uno de los sectores más importantes del municipio. “El impacto sería grande en la hostelería, que es un sector muy importante en Cacabelos. Cómo vaya a evolucionar lo que ha ocurrido nos influye”. A ello se suma el coste extraordinario que tendrán que asumir los Ayuntamientos como el suyo, el de Fabero y el de Vega de Espinareda. “Supone tener que reacondicionar las playas fluviales dañadas antes de que finalice el verano y sin que se alarguen mucho los trabajos”.

No obstante, Cacabelos tampoco se resigna a dar por perdido el verano. Además de la playa fluvial, el municipio cuenta con las piscinas municipales, abiertas desde este domingo, y una amplia programación estival. Durante los fines de semana de julio y agosto se celebrarán las Noches de Camino, con teatro, música, títeres y magia, además de campus de fútbol y baloncesto, actividades de piragüismo y cursos de natación. A ello se suman las fiestas de los pueblos, el Festival Universo, que alcanza ya su quinta edición, y la Fiesta de Recreación Romana. “Nos esforzamos mucho en que pueda venir la gente y en organizar actividades”, resume la alcaldesa.

La incertidumbre alcanza también a Molinaseca. Las imágenes difundidas por el Ayuntamiento muestran un río completamente ennegrecido y convertido en un torrente que arrastra los restos de los incendios del verano pasado. El alcalde, Alfonso Arias, reconoce que “va a ser muy complicado embalsar la piscina fluvial debido a los arrastres de las tormentas”. Una situación especialmente delicada en una de las localidades más visitadas del Bierzo y del Camino de Santiago.

Las consecuencias de los incendios no están siendo iguales en todos los municipios. En Igüeña, por ejemplo, la playa fluvial se mantienen en buen estado. “No hay ningún arrastre. El agua está un poco turbia, pero como después de cualquier tormenta. Está en perfectas condiciones”, explica su alcalde, Alider Presa.

El motivo es que las llamas no alcanzaron el río. “Dentro de la mala suerte de los incendios tuvimos buena suerte porque los incendios no saltaron la carretera ni llegaron al río, entonces la cuneta, la carretera y la ladera nos sirven de barrera natural ante esos arrastres”. Pero el regidor también deja una reflexión que comparten muchos de sus compañeros. “Los problemas de los incendios forestales no se apagan con las llamas, se tardan años en arreglar”.

En Carucedo, otro de los municipios más castigados por los incendios de 2025, el lago mantiene unas excelentes condiciones de baño, pero el alcalde, Alfonso Fernández Pacios, admite que la recuperación todavía está lejos. “A veces parece una aventura, porque no sabemos lo que va a pasar”. El Aula Arqueológica,que se quemó hasta los cimientos, sigue sin recuperarse y el paisaje de Las Médulas ha cambiado por completo. “La gente mayor nunca vio el paisaje que vemos ahora después de los incendios. La incertidumbre que te genera... Da mucho miedo”.

A las consecuencias sobre las playas fluviales se suman otros daños menos visibles. Los arrastres están afectando también a captaciones de agua y a infraestructuras de riego, obligando a los municipios a asumir nuevos costes y trabajos extraordinarios.

El presidente del Consejo Comarcal del Bierzo, Olegario Ramón, asegura que lo ocurrido estos días era previsible. “Yo sabía que iba a ocurrir lo que ha pasado después de los incendios del verano pasado, aunque es verdad que no esperaba algo tan fuerte”. A su juicio, “las consecuencias secundarias son muy graves también. Las tormentas, los arrastres... Se van a ver afectadas infraestructuras primarias, como captaciones de agua, pero también va a haber daños colaterales, y ya los está habiendo, en playas fluviales, que son el principal atractivo de muchas localidades del Bierzo en verano. Daños importantes, graves y costosos”.

Ramón considera que, igual que él, esta situación se podía haber visto venir y haber llevado a cabo trabajos de prevención y restauración este año. “No hemos estado a la altura. No hemos hecho nada después de los megaincendios de 2025”, lamenta. El presidente del Consejo Comarcal denuncia que las cinco brigadas prometidas por la Junta para la comarca siguen sin llegar y asegura que la institución ni siquiera conoce todavía qué trabajos de prevención se van a desarrollar este verano.

La provincia de León llegó a la campaña de incendios de este verano con un consejero de Medio Ambiente en funciones, el leonés Juan Carlos Suárez Quiñones, que desde la formación de Gobierno autonómico ha dado el salto a Industria, Universidades, Comercio y Empleo. También ha dejado su puesto el hasta ahora director general de Medio Ambiente, José Ángel Arranz, que junto con Quiñones asumía las tareas de prevención y extinción de incendios. En su lugar, asume el área de incendios forestales María González Corral, que anteriormente había ostentado ya las carteras de dos consejerías bien diferentes: primero Movilidad y, después de la ruptura del primer pacto PP-Vox, Agricultura y Ganadería.

“He notado mucha descoordinación. Se han anunciado más medios, pero por ahora en El Bierzo no hay ninguno”, critica Ramón, que reconoce además que le produce “mucha desconfianza” escuchar mensajes que le recuerdan a los pronunciados por la anterior dirección de Medio Ambiente. “Desde luego que las palabras del nuevo responsable de que no se puede hacer prevención todo el año recuerdan mucho a aquello de que era un despilfarro. No me genera confianza y espero que no sea la línea”, afirma.

A su juicio, el cambio climático y los incendios de cuarta generación “han venido para quedarse” y obligan a cambiar la forma de gestionar el monte y a apostar por trabajos permanentes de prevención. “Hay que trabajar en paisajes mosaico, volver a la agricultura y la ganadería, porque si no los megaincendios van a ser nuestra realidad. Ojalá me equivoque y no vuelva a ocurrir lo del verano pasado, pero creo que sí”, admite con pesimismo.

El presidente de la Diputación de León, Gerardo Álvarez Courel, reclama por ello que la Junta de Castilla y León y la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil agilicen los trabajos de restauración de montes y cauces para que los Ayuntamientos sufran las menores consecuencias posibles y las playas fluviales puedan acondicionarse cuanto antes.

Porque los incendios forestales no terminan cuando se apagan. El verano pasado arrasaron más de 130.000 hectáreas de la provincia de León y se cobraron la vida de cuatro personas. Casi un año después, los ríos siguen bajando negros, las playas fluviales se llenan de lodo, las captaciones de agua y las presas de riego sufren daños y los pueblos vuelven a mirar al monte y también al cielo con preocupación. Esta vez no solo por el fuego, sino por las consecuencias que las llamas siguen dejando mucho después de extinguirse.