Pepe Cachón, el último carrero de Rodanillo: las manos que aún recuerdan cómo se hacían los carros
Pepe Cachón Álvarez tiene 92 años y conserva una historia que ya casi no se encuentra en ningún taller. Es el último gran maestro carpintero de carros y también el último carrero vivo de Rodanillo, un pequeño pueblo berciano del municipio de Bembibre, donde durante décadas el sonido de la madera, las herramientas y las ruedas formó parte de la vida cotidiana.
Su aprendizaje comenzó demasiado pronto y después de una infancia marcada por la pérdida de su padre, fallecido cuando Pepe tenía apenas diez años. A los 14 se marchó a Folgoso de la Ribera para aprender el oficio y pasó allí cuatro años descubriendo los secretos de la madera junto a un maestro carrero que, curiosamente, había sido alumno de su propio padre. El oficio, de alguna manera, volvía así a la familia.
De regreso en Rodanillo continuó perfeccionando su técnica junto al maestro carrero Juan Antonio y, posteriormente, con Camilo padre. A los 22 años decidió ponerse por su cuenta. Eran otros tiempos y los carros seguían siendo una herramienta imprescindible para el trabajo y la vida en los pueblos. «Salían como churros», recuerda Pepe de aquellos años en los que el taller tenía trabajo constante.
Pero el campo cambió. La mecanización fue sustituyendo poco a poco a los carros y el oficio comenzó a desaparecer. La crisis le llevó a emigrar a Francia, donde siguió trabajando como carpintero. Desde allí logró preparar su siguiente destino laboral en Bilbao, ciudad en la que continuó ejerciendo su profesión hasta la jubilación.
Hoy, nueve décadas después de aquellos primeros aprendizajes, Pepe Cachón mira hacia atrás desde la memoria de quien ha visto desaparecer casi por completo un mundo. A sus 92 años sigue regresando cada año a Rodanillo, el pueblo al que permanece unido y donde su historia representa algo más que la trayectoria de un artesano: es uno de los últimos vínculos vivos con los carreros y los carros que durante generaciones recorrieron los caminos de León. Porque en Rodanillo todavía queda un carrero. Y con Pepe Cachón permanece viva, aunque sea ya en la memoria y en sus manos, una parte de la historia de los pueblos bercianos y leoneses.