El singular viaje de 2.400 kilómetros entre Ponferrada y Roma para celebrar los 80 años de la marca Vespa

Santiago García, con su Vespa 160 durante el viaje entre Ponferrada y Roma.

César Fernández

“Yo nací entre ruedas”, cuenta Santiago García, que se crio en Bembibre cuando su padre, Rogelio García (más conocido como Muy), tenía la representación para el Bierzo Alto de Vespa. Cuando nació, en 1962, Santiago Guillén y Antonio Veciana remedaban a su modo a Julio Verne para dar la vuelta al mundo en 79 días a lomos de una motocicleta de esta marca italiana Y ahora, ya liberado de obligaciones laborales, hace su propia expedición, un viaje a bordo de una Vespa 160 del año 1968 entre Ponferrada, donde vive, y Roma, donde este fin de semana se celebra por todo lo alto el 80.º aniversario de esta firma convertida en icono de toda una época. La moto, eso sí, todavía no ha podido llegar a la capital italiana.

Santiago García tenía apenas 14 años de edad cuando dio sus primeros acelerones a la Vespa 160 que su padre (al que le quedó Muy como apodo al ser la expresión que invariablemente le salía de la boca en un juego de palabras) había vendido en primera instancia y recomprado después. De segunda mano, la moto quedó también en segundo plano cuando entraron en su vida otras más potentes como una Yamaha 600. “Yo entonces no le daba valor. Y ahora, de mayor, sí se lo doy”, concede este berciano al que la Vespa fue acompañando en una biografía que pasó de Bembibre a Vega de Espinareda, Salamanca y Ponferrada.

“La moto se arrancaba todos los años”, cuenta García por teléfono desde Roma, donde este año tiene lugar hasta el domingo el encuentro anual de aficionados de la Vespa, esta vez con el valor añadido de celebrar las ocho décadas de vida de la mítica marca. El berciano, que aprovechaba la moto de chaval cuando estaba en Bembibre para ir al río o para pequeños desplazamientos como a Vega de Espinareda, ha ido haciendo viajes más largos. Con el motor bien cuidado y las piezas originales, su Vespa 160 estaba disponible para expediciones más largas. La reunión internacional de amantes de la firma tuvo lugar el pasado 2025 en Gijón, más de 200 kilómetros que hizo con un amigo. “Ahí le cogí el gustillo. Sabía que el año siguiente se celebraba en Roma. Y me dije que por qué no ir a Roma en la Vespa”, expone tras revelar que el viaje más largo hasta la fecha había tenido como destino Madrid.

Santiago García, con su Vespa 160 durante el viaje entre Ponferrada y Roma.

Aun conservando un buen estado de mantenimiento, la máquina tiene sus limitaciones, sobre todo las derivadas de su sistema de refrigeración por aire, lo que aconseja sobre todo en verano adoptar una velocidad de crucero de entre 60 y 70 kilómetros por hora. “Podría llegar a 85 kilómetros por hora, pero a esa velocidad no duraría ni 20 kilómetros”, cuenta Santiago García, integrante del Vespa Club Ponferrada, una ciudad que a mediados del siglo pasado dejaba la estampa singular de una comadrona, María Bernarda Rodríguez, yendo en moto a atender los partos. Y ahora, muchas décadas después, ha sido el punto de partida de un maratoniano viaje para soplar las 80 velas de la firma.

Santiago García, con su Vespa 160 durante el viaje entre Ponferrada y Roma.

García partió de la capital berciana el lunes 15 de junio con la idea de cubrir el trayecto en apenas seis días, a razón de 400 kilómetros por jornada. El motociclista, ya retirado de su trabajo en el sector de la banca, planificó pasar ocho horas diarias subido a la Vespa. La hoja de ruta consistió primero en aprovechar las carreteras nacionales hasta la llegada a Niza, desde donde afrontó la segunda parte de la expedición bordeando la costa hasta llegar a Roma sumando en torno a 2.400 kilómetros. Fue en Roseto, apenas a 170 kilómetros de distancia de la meta, cuando la máquina sufrió una avería. Al tratarse de un modelo fabricado en España con sus propias particularidades, Santiago García no ha encontrado sobre el terreno la pieza de repuesto. A la espera de recoger el lunes el encargo solicitado a través de internet, llegó a la capital italiana en tren para disfrutar de este fin de semana consagrado a la célebre marca.

Su Vespa 160 no ha pasado desapercibida. “Llama la atención, incluso aquí en Italia, donde ya no hay tantas tan antiguas circulando”, señala antes de reconocer que el tráfico general de motos sí que es muy superior en Italia, la cuna de una marca que ha pasado a la historia como icono (incluso en el cine, a través de películas como Vacaciones en Roma, con Gregory Peck y Audrey Hepburn) hasta ser la seña de identidad de una época. García recuerda cómo la Vespa le ganó en su día la batalla a otra firma italiana como la Lambretta, menos extendida por la diferencia de precios entre una y otra. Hasta que en España se popularizó el 600 y las familias se subieron al coche.

Ahora que la nostalgia encuentra acomodo en el universo vintage, Santiago García se ha sumado a una corriente que resume en una frase: “Lo viejo, que antes lo tirábamos, ahora tratamos de rescatarlo”. Su idea ahora es disfrutar el fin de semana de las celebraciones, volver el lunes a por su Vespa 160 y completar sobre sus lomos una expedición (“Del Bierzo a Roma”, reza la tela que lleva en la trasera) que también es en cierto modo el viaje de toda una vida.

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