El número 35 de la revista 'La Curuja' de Noceda homenajea a Pepín el de Olina

7 de julio de 2026 13:45 h

La revista La Curuja ha presentado su número 35, correspondiente al invierno de 2026, reafirmando su papel como una de las publicaciones más singulares del panorama cultural berciano. Nacida en Noceda del Bierzo –de donde es su editor y director, el escritor Manuel Cuenya–, esta publicación cultural está vinculada desde sus orígenes a la defensa de la memoria local, esta edición vuelve a reunir voces y miradas que recorren la comarca desde la historia, el patrimonio y la emoción.

El nuevo ejemplar de la revista cultural (cuyo nombre está en asturleonés, ya que en castellano sería 'la lechuza') abre con un texto del periodista y escritor Toño Criado sobre Noceda del Bierzo, la villa que durante los años setenta y ochenta fue conocida como la 'Suiza berciana' por su atractivo paisajístico y turístico. A continuación, Nanci de Paz propone un viaje por el Camino de Santiago a su paso por El Bierzo, recuperando recuerdos y trazados de 1976, mientras Alfonso Fernández-Manso se detiene en Labaniego para explorar su toponimia, su paisaje y su memoria, acompañado por acuarelas del propio autor.

La revista también incorpora un recorrido por las cuencas altas de los ríos Boeza y Tremor de la mano de Pedro Costa Morata, con paradas en Igüeña y su entorno, en una mirada que combina observación del territorio y evocación histórica. El cierre llega con un homenaje íntimo de Manuel Cuenya a Pepín el de Olina, recientemente fallecido, en unas páginas y una portada marcadas por el afecto y la gratitud.

El número se cierra con un sentido homenaje del propio editor de La Curuja, Manuel Cuenya, quien dedica la portada y unas páginas impregnadas de emoción a la memoria de Pepín el de Olina, querido paisano y amigo recientemente fallecido. Un tributo sincero que pone el broche final a una edición en la que, una vez más, la revista reivindica la memoria berciana como un patrimonio vivo y compartido.

Con este número, La Curuja confirma su condición de espacio de encuentro entre literatura, memoria y paisaje, y mantiene viva una manera de mirar El Bierzo desde la emoción y el cuidado por sus raíces.