El recorrido meticuloso sobre el Sil con una cámara al hombro que reduce la altura oficial del puente de las Palomas

Hay un lugar entre las comarcas leonesas de Laciana y Babia que es parada obligada. Se orilla el coche en la carretera, se accede a un desfiladero y se pone a prueba el vértigo. Se trata del célebre puente de las Palomas. El cartel oficial sobre la CL-626 habla de 82 metros de altura. David Zamorano (Ponferrada, León, 1950) quiso comprobarlo. “Los entendidos lo miden con láser”, dice quien, sin embargo, emplea desde arriba una cuerda de 100 metros y dos ladrillos en un extremo para constatar la distancia con el nivel del agua. Lo ha hecho tres veces, todas con el mismo resultado: 54 metros. La secuencia da una idea de la meticulosidad con la que Zamorano ha trabajado sobre el terreno durante años para publicar ahora el libro Puentes y pasos sobre el río Sil, una monumental obra de 482 páginas y más de 350 fotografías.

El autor, que nació en el barrio de San Andrés de Ponferrada justo a la vera del Sil, había dejado el coche orillado en la carretera CL-626 junto al puente de las Palomas en un día de perros, con mucha nieve a principios de enero. Había ido precisamente a medir la altura, así como a retratar la estructura y el entorno de blanco. Había puesto los triángulos y se había enfundado el chaleco reflectante. Ya estaba de regreso cuando se encontró con una pareja de la Guardia Civil. Uno de los agentes se dirigió de forma vehemente pensando que se trataba de un suicida hasta que el berciano lo tranquilizó haciéndole atar cabos. Venía de estar el día anterior en Os Peares, donde el Sil, que nace en Peña Orniz, se junta con el Miño. Era lunes, su jornada de descanso como trabajador del Ayuntamiento de Ponferrada. “Y nos hicimos amigos”, dice Zamorano ahora que ya se ha pasado por el cuartel para dejar ejemplares del libro.

El puente de las Palomas, el número 16 de los 138 que suma (99 en la provincia de León, tres compartidos con Ourense) contando también otro tipo de pasos el Sil desde su nacimiento hasta su desembocadura en el Miño, es uno de los más singulares, uno de los elegidos por el autor cuando se le insta a seleccionar unos pocos de los correspondientes a la provincia de León para componer este reportaje. “Es muy emblemático; de tipo embudo”, comienza su descripción hasta desmentir el dato oficial de la altura. “No es cierto”, zanja remitiéndose a la cuerda y los ladrillos y admitiendo un pequeño margen de fluctuación en función del caudal de cada momento. La antigüedad es al menos centenaria dado que existen fotografías desde 1925. La Guerra Civil española lo hizo tristemente famoso. “Tiraron entonces a mucha gente desde allí”, apunta para ilustrar, ya en clave menos dramática, cómo el puente es fuente recurrente de amenazas de los padres a esos niños que se resisten a comer o hacer a los deberes.

No hace falta, sin embargo, esperar al puente de las Palomas para toparse desde el nacimiento en Peña Orniz con un paso tan singular. David Zamorano destaca en primer lugar en el orden del recorrido desde aguas arriba el número 12, el conocido como puente de Secundino, ubicado entre La Cueta y La Vega de Viejos, todavía en Babia. Secundino Fernández (al que apodaban como el Capador) lo hizo en 1946 usando troncos de madera. Fue su sobrino Plácido Álvarez quien en 2012 cambió el material por biondas, los quitamiedos de las carreteras. “Es de tipo embudo, pero al revés. Es muy peligroso; no tiene casi barandillas. Y tiene 10 metros de altura”, determina Zamorano, al que puede verse en fotografías sobre esta mínima estructura entre dos enormes peñas que ha permitido a lugareños como su propio autor (que era del pueblo de Meroy) evitar rodeos para acceder a las fincas del entorno.

El tercero elegido, habiendo pasado ya el de las Palomas, se ubica en Laciana y entronca con el boom del carbón al ser un puente del antiguo ferrocarril minero Ponferrada-Villablino. Los días de grandes nevadas son de los preferidos por Zamorano para regresar sobre sus pasos. Con lo que no contaba era precisamente con un mal paso, el que dio cuando metió el pie en un punto en el que faltaba una traviesa, un bache camuflado por la nieve. “Juré en hebreo. Cambié de color”, reconoce. Se trata del puente de Arias (el nombre se debe al de una fábrica de embutidos cercana), hace el número 22 del recorrido, es obra de los ingenieros Valero Rivera y el Marqués de Gaviria, data de 1920 al corresponderse con el ramal de Villaseca y se ubica entre esta localidad y la de Rioscuro, ambas pertenecientes al municipio de Villablino.

David Zamorano ha tirado de metro también para calibrar otras variables más allá de la altura. “El puente del Azufre tiene una comba exagerada. Lo medí hace cinco o seis años. Y tiene unos 45 centímetros de comba”, dice sobre esta estructura (la número 76 sobre el curso del río), que data de 1976 y se ubica ya en El Bierzo. Es obra del ingeniero José Crespo, que recibió un premio por un vano de 130 metros entre dos pilares. “Igual fue demasiado”, aventura el autor de Puentes y pasos sobre el río Sil, que rememoró labores anteriores en montajes de centrales térmicas como en el grupo 3 de Compostilla II al pico de las chimeneas cuando se introdujo en el hueco de uno de los pilares del puente del Azufre para subir por las escalerillas hasta arriba.

Nacido frente al Castillo de Ponferrada, David Zamorano reconoce el valor sentimental del puente García Ojeda, el que hace el número 82 sobre el Sil justo por debajo de la fortaleza templaria, el entorno donde el autor se crio y empezó a hacer fotos con una cámara que le regalaron sus hermanos en 1962. Fue en septiembre de 1971 cuando se estrenó la estructura, bautizada en honor al alcalde de la capital berciana que promovió su construcción, Luis García Ojeda. El puente tiene otro guiño personal para quien todavía recuerda cómo una de las emblemáticas fotografías de la inauguración, obra de Daniel Martín Lípiz (Foto Madrid), era el reclamo de unas participaciones de Lotería de Navidad.

El último paso seleccionado (el número 89) en este compendio es el puente colgante de las Barrancas de Santalla, ubicado entre esta localidad del municipio de Priaranza y Villaverde de la Abadía (Carracedelo), una estructura de la que hay noticias al menos desde la construcción acometida en 1905 por Valentín Merayo Méndez. “Se lo ha llevado el agua varias veces”, señala para remitirse a una riada en 196 con el trágico final de dos niñas muertas el venirse abajo la pasarela. Las manos de los vecinos han levantado una y otra vez este puente colgante que también es una seña de identidad de la zona.

Con documentos oficiales, recortes de medios de comunicación y fuentes orales ha compuesto Zamorano el libro, que continúa hasta la desembocadura en el Miño sobre los pasos de 32 municipios de las provincias de León, Ourense y Lugo. Se trata de la joya de la corona de un archivo en el que también destacan inventarios como el de las chimeneas industriales de la provincia de León. El autor firmará ejemplares este domingo 26 de abril a las 12.00 horas en el marco de la Feria del Libro de Ponferrada. Y estará acompañado por el alcalde de la capital berciana, Marco Morala, y por el director de los Museos, Javier García Bueso, en la presentación que tendrá lugar el 7 de mayo a las 19.00 horas en la Casa de la Cultura de Ponferrada, el mismo escenario que acogió en 2009 una exposición fotográfica alusiva (el mismo año también hubo muestra en Rioscuro). Fue el punto de partida de otro viaje, el que le ha hecho regresar muchas veces para componer este libro a esos puentes y pasos que conoce (y en este caso no es una exageración) como la palma de su mano.