Crónica
Nevenka Fernández recupera la voz en Ponferrada 25 años después: “Es posible salir del infierno”
Nevenka Fernández volvió este sábado a hablar en público en Ponferrada, veinticinco años después. La última vez que lo había hecho en su ciudad fue en la rueda de prensa en la que anunció su denuncia por acoso sexual contra el entonces alcalde de la capital berciana, Ismael Álvarez. Después llegaron el juicio, la primera condena en España a un político por este delito, el rechazo de buena parte de la sociedad ponferradina y su marcha a Irlanda para empezar una nueva vida. Un cuarto de siglo después, regresó para hablar de memoria, reparación y esperanza.
Llegó a la Térmica Cultural discreta, sonriente y con gafas de sol oscuras. Lo hizo acompañada por la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, y por Charo Velasco, la entonces líder de la oposición socialista y la primera persona que la creyó cuando decidió denunciar.
En el vestíbulo la esperaba el público. Cuando apareció, estalló un aplauso que la acompañó mientras saludaba a las autoridades y representantes políticos presentes en el acto, todos del PSOE. Después llegó un segundo recibimiento, el de la sociedad, ya en el Auditorio Antracita de la Térmica Cultural, lleno. El nerviosismo y la emoción eran palpables.
La de hoy no era una mañana cualquiera en Ponferrada. La mujer que este sábado se sentaba en el escenario de las jornadas 'Justicia, Voces y Memoria' era también aquella joven de 24 años que en 1999 llegó al Ayuntamiento de Ponferrada sin experiencia política, recién licenciada en Empresariales y con un máster en Auditoría. Hija de una conocida familia de la ciudad, aceptó la propuesta de incorporarse a las listas del Partido Popular de la mano del entonces alcalde, Ismael Álvarez. Dos años después había abandonado la política, denunciado a quien era su superior y se había convertido, sin pretenderlo, en un símbolo para miles de mujeres y en una pionera del 'Me Too' en España mucho antes de que ese movimiento tuviera nombre.
Desde entonces, Nevenka ha seguido viniendo a Ponferrada. Aquí siguen viviendo sus padres y buena parte de su familia. Pero nunca se había dejado ver en público. Nunca había querido volver a ocupar el centro de la escena en la ciudad que la vio marcharse y que fue testigo de escenas vergonzosas como manifestaciones sociales y actos políticos de apoyo a su agresor.
Ni siquiera en 2023, cuando el Ayuntamiento de Ponferrada, entonces gobernado por el socialista Olegario Ramón, le rindió un homenaje institucional y levantó un monumento con su rostro y el mensaje 'Gracias por tu valentía'. Aquel acto pretendía ser un gesto de reparación simbólica y el alcalde llegó a pedir perdón en nombre de la institución “por lo que hicieron otros”. Ella no acudió. Poco después, el monumento fue vandalizado, aunque posteriormente sería restaurado.
Este sábado, la vicepresidenta tercera del Gobierno abrió el acto con un discurso dedicado a la que definió como una mujer cuya “dignidad y valentía marcó un hito histórico contra la violencia machista”. “Actuaste por supervivencia, pero lo que estaba ocurriendo te trascendía”, afirmó Sara Aagesen. “Tu relato ha dado fuerza a tantas y tantas mujeres para dar la voz”. La ministra sostuvo que el testimonio de Nevenka ayudó a la sociedad a “identificar formas de violencia que no éramos capaces de ver” y defendió la necesidad de “abrir los ojos, saber escuchar y acompañar”. “La vergüenza tiene que cambiar de bando”, reivindicó, en clara alusión a otro símbolo feminista, Gisèle Pelicot, violada durante años por más de 80 hombres con el consentimiento de su marido.
Aagesen también tuvo palabras para Charo Velasco, a quien puso como ejemplo de sororidad. “Gracias a ti, Charo”, dijo, provocando el primer aplauso sonoro de la mañana.
La propia Nevenka tomó la palabra después, todavía visiblemente nerviosa. “Hay algunos hombres entre el público, y mujeres. Queda mucho camino por recorrer, pero hemos avanzado mucho. Si no, no estaríamos aquí. Esto era impensable hace 25 años, ¿verdad, Charo?”.
Poco a poco, la tensión inicial fue desapareciendo. Charo Velasco y todo el público fueron arropando a Nevenka, relajando la conversación y convirtiendo una mesa redonda de tantas, con esa frialdad que dan los asientos separados entre los interlocutores, en una charla cercana y cariñosa. Los aplausos, al principio tímidos, acabaron convirtiéndose en un auténtico baño de afecto para ambas. Las dos se emocionaron hasta las lágrimas en varias ocasiones.
“Tenemos que seguir avanzando. Conseguir derechos es muy difícil, pero perderlos es muy fácil”, advirtió Velasco. Y entonces pronunció unas palabras que arrancaron el aplauso más cálido de la mañana. “Por eso es tan importante, Nevenka, que puedas tener a tu ciudad rodeada de gente que te quiera, que estés aquí. Es tu ciudad y quieres hablar”.
“La sociedad ahora está más dispuesta a escuchar”, le respondió Nevenka. “Aunque hay muchas personas que aún no reconocen que esto existe [la violencia de género], creo que las mujeres ahora están más acompañadas. Pero es difícil atreverse a hablar cuando te han enseñado toda la vida a estar callada”. También habló de esperanza. De la vida que ha construido en Irlanda junto a su marido y sus dos hijos. “Soy un poco guiri”, bromeó, arrancando la sonrisa del auditorio ante un exilio emocional que ha tardado un cuarto de siglo en sanar.
Y dejó una de las frases más emotivas de la mañana. “He conseguido vivir como quería. Tengo muchas cosas buenas en mi vida: mi familia y, sobre todo, tengo el corazón en paz. Es posible salir del infierno y construir algo donde venza la luz y no gane la oscuridad. Y por eso estoy aquí”. El aplauso que siguió fue largo, sostenido y sanador, para ella y para la sociedad ponferradina que le debía una reparación histórica.
A pocos metros estaban sus padres, Paquita y Juvencio. También ellos forman parte de esta historia. Vivieron el juicio, el rechazo social y la marcha de su hija a Irlanda. Este sábado la acompañaban de nuevo, emocionados. Junto a ellos, en un discretísimo segundo plano, estaban también su marido y sus dos hijos, la familia que Nevenka construyó lejos de Ponferrada y que hoy representa la prueba más evidente de una de las ideas que repitió durante la mañana: que es posible salir del horror y volver a vivir en paz.
Después de la mesa redonda, Nevenka salió al exterior de la Térmica Cultural para inaugurar un mural similar al que fue borrado hace unos meses de una fachada del centro de Ponferrada. “La reparación es esto que estamos haciendo”, había dicho minutos antes. Nevenka Fernández estuvo silenciada durante 25 años en Ponferrada. Hoy ha recuperado la voz.