El Lago de La Baña: dos años después de la última promesa, la Junta de Castilla y León sigue sin investigar por qué se seca

El Lago de la Baña, tres meses después de ser arrasado por el fuego.

Elisabet Alba

El 13 de febrero de 2024, todos los partidos con representación en las Cortes de Castilla y León aprobaron por unanimidad que la Junta encargara un estudio científico para averiguar por qué el Lago de La Baña, declarado Monumento Natural en 1990, se seca durante varios meses cada año. Dos años después, con elecciones autonómicas convocadas para el 15 de marzo, no hay informe, no hay conclusiones y no hay explicaciones públicas.

La Consejería de Medio Ambiente no ha respondido a las preguntas de este medio sobre el estado del estudio comprometido. Y desde el PSOE aseguran que no se ha elaborado ningún informe. El acuerdo parlamentario sigue, sencillamente, sin cumplirse.

Una promesa que ya venía con diez años de retraso

Cuando las Cortes aprobaron en 2024 promover un estudio científico, en realidad estaban reactivando un compromiso que la propia Junta había asumido en 2014. Entonces anunció que encargaría una investigación para esclarecer las causas de la desecación del lago. Nunca lo hizo.

El Lago de La Baña lleva al menos dos décadas perdiendo agua de forma recurrente en verano. Investigadores universitarios alertaron ya en 2005 de filtraciones que podían estar relacionadas con las explotaciones pizarreras que rodean completamente el valle. Se sugirió investigar. No se investigó.

En 2023 este medio volvió a poner el foco sobre la situación. Entonces se supo que la única actuación práctica de la Junta había sido colocar un plástico azul en el fondo del lago para intentar frenar la pérdida de agua. Una medida provisional que, además, contradecía la propia normativa del Monumento Natural, que prohíbe la introducción de elementos artificiales que alteren el paisaje.

Un ecosistema “reliquia” que depende del agua

El Lago de La Baña no es solo una lámina de agua que sube y baja. Es, desde el punto de vista bioclimático, “casi una reliquia”, en palabras del catedrático de Botánica Ángel Penas.

En su entorno crecen más de 1.250 especies de árboles, arbustos y plantas. Algunas son endémicas o extremadamente raras, como la Isoetes velata subespecie asturicensis, una planta acuática protegida que necesita vivir sumergida para sobrevivir. Puede resistir periodos de sequía, pero no indefinidamente.

El propio portal oficial de Patrimonio Natural reconoce que el valle de Cabrera está destruido en dos terceras partes por las explotaciones a cielo abierto y que el enclave es frágil. Aun así, la administración competente no ha aclarado si la desecación responde a causas naturales, a la “mala estanqueidad” del terreno, como defendió el PP en las Cortes, o si existe relación con la actividad extractiva.

Nadie lo sabe. Porque nadie lo ha estudiado.

El incendio que lo arrasó casi todo

Por si la sequía recurrente no fuera suficiente, el verano pasado el fuego llegó hasta el Lago de La Baña. El incendio de Porto-La Baña, uno de los más graves de los últimos años, arrasó miles de hectáreas y afectó de lleno al entorno protegido.

Durante 69 días el fuego avanzó por Cabrera. El valle quedó calcinado. Las primeras lluvias arrastraron cenizas hasta el fondo del lago, enturbiando el agua. Los carteles informativos ardieron. El paisaje pasó del verde al negro.

Y aun así, tras el incendio, tampoco se ha conocido ningún estudio específico sobre la afección al Monumento Natural ni sobre su recuperación. Ahora el lago sobrevive entre escombreras de pizarra, laderas quemadas y un silencio administrativo que ya dura más de una década.

Un acuerdo unánime que nadie ha hecho cumplir

La iniciativa parlamentaria de 2024 fue promovida por el PSOE y aprobada por unanimidad, incluidos PP y Vox, entonces socios de Gobierno en la Junta. Vox abandonó el Ejecutivo en julio de 2024. Pero el acuerdo sigue vigente y sin cumplirse.

La responsabilidad principal recae en el Gobierno autonómico, que tenía y tiene la obligación de encargar el estudio. Pero también interpela al resto de grupos: al PSOE, que impulsó la medida y no ha conseguido que se ejecute; a UPL, Soria Ya, Podemos y al propio Vox, que votaron a favor y no han exigido su cumplimiento con resultados visibles.

Las Cortes instaron a la Junta a “promover un estudio científico” y a realizar “las acciones necesarias para garantizar su protección, conservación y evitar su degradación”. Dos años después, el lago sigue secándose y el estudio sigue sin aparecer.

Elecciones a la vuelta de la esquina

El próximo 15 de marzo los ciudadanos de Castilla y León volverán a votar. El Lago de La Baña es un ejemplo claro de cómo una promesa institucional, incluso aprobada por unanimidad en el Parlamento autonómico, puede quedar en papel mojado.

Un Monumento Natural declarado hace más de tres décadas, rodeado de explotaciones extractivas, castigado por incendios históricos y afectado por una desecación recurrente cuya causa oficial nadie ha querido determinar.

La pregunta es sencilla: si ni siquiera se cumple un acuerdo votado por todos los partidos en las Cortes, ¿qué garantías tiene un espacio natural protegido en una comarca con tres habitantes por kilómetro cuadrado? El Lago de La Baña sigue esperando respuestas. Desde hace más de una década.

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