Las Médulas se apoyan en la cultura para resurgir de las cenizas tras su peor año
El 2025 ha sido quizá el peor año para Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad gravemente arrasado durante los grandes incendios desatados el pasado mes de agosto y que provocaron que el 70% del paraje sucumbiese a las llamas del incendio desatado en Yeres que, más tarde unido al de Llamas de Cabrera alcanzaría una superficie quemada de más de 30.000 hectáreas; convirtiéndose, si no en el mayor incendio de la historia de la provincia, muy cerca de este puesto. Algo que aún no se puede asegurar con cifras oficiales porque la Junta no ha hecho un balance detallado de hasta qué punto afectaron los incendios del verano a las provincias de la Comunidad, pero especialmente a León.
Esta joya berciana, icono de la provincia a nivel internacional y uno de los principales atractivos turísticos (si no el principal, al menos para los interesados en el patrimonio natural) sufrió los efectos de las llamas, no solo en el aspecto medioambiental, sino también social. Varios habitantes de la localidad de Las Médulas sufrieron los devastadores efectos de los grandes incendios, viendo sus casas y negocios arrasados por las llamas (como fue el caso del restaurante O Camiño Real, que quedó reducido a cenizas).
Hacía falta, por tanto, una revitalización de este paraje y la cultura ha sido el medio ideal para reanimar a los vecinos de estos pueblos, con el estreno del primer Festival de Otoño de Las Médulas, promovido por la compañía Fabularia, que dirige Raúl Gómez.
El festival comenzó el 5 de diciembre y finalizó el 21 de ese mes, a las puertas ya del invierno y, a pesar del poco plazo del que sus organizadores disponían, la escasez de habitantes y el frío característico de estas fechas, los siete espectáculos culturales que se llevaron a cabo en las localidades bercianas de Priaranza del Bierzo, Villalibre de la Jurisdicción, Carucedo, Las Médulas, Borrenes y Santalla del Bierzo fueron un éxito absoluto.
Incluso los espectáculos que se celebraron a pie de calle, a falta de otros espacios cubiertos en estas pequeñas localidades que cuentan con opciones limitadas en este aspecto, consiguieron un pleno de asistentes. Gómez relativiza la cifra de asistentes: “Que en la ciudad de León, en un auditorio con 600 o 700 localidades haya 100 personas en una obra, no está mal, pero es poca gente para ese espacio; mientras que en un pueblo como Las Médulas, que en invierno pueden vivir 30 personas, que haya 30 personas viendo un espectáculo implica que el 100% de la población ha ido al teatro”.
El director del festival se considera satisfecho con las cifras, especialmente teniendo en cuenta la poca población y las malas condiciones meteorológicas que implica el invierno: “Puedo decir que el primer día, con la actuación de D’urria”, un grupo de folk, “casi estaban llenas las 80 localidades que había”, celebra. Al día siguiente, el espectáculo de circo y teatralidad de Maintomano llenó sus 70 plazas de sillas al aire, incluso con gente de pie. Además, en el caso de los tres talleres infantiles, la asistencia de los alumnos a los que iba dirigida la actividad fue del 100%.
En el caso del poeta y artista gráfico, Juan Carlos Mestre, que defendió en Priaranza el recital poético-musical ‘Antífona del otoño en el Valle del Bierzo’, junto al músico Cuco Pérez, relata su experiencia en el escenario como “absolutamente positiva por la respuesta del público y la entusiasta atención de mis paisanos”.
El autor entiende que el festival “no es que sea importante, es imprescindible para tomar contacto con la cultura popular y volver a situar la reflexión de los lugares que ocupan el arte y la literatura como salvaguarda de la conciencia crítica y alerta de una sociedad en la que los artistas son los avisadores del fuego, aquellos que anuncian las catástrofes inminentes, precisamente, para que estas no sucedan”, afirma.
Un proyecto contrarreloj diseñado para los vecinos
Los organizadores presentaron el proyecto a finales de junio para obtener ayudas de la Junta de Castilla y León para este tipo de espectáculos, de ahí la fecha para esta celebración: “Sabíamos que la ayuda no iba a estar resulta para ese verano y ya nuestra filosofía del festival era programar para la gente que está todo el año en los pueblos, porque es verdad que en verano hay mucho turista, pero estoy un poco cansado de que se hagan las programaciones cuando vienen los turistas”, explica Gómez, “Además, en otoño se ralentiza mucho la vida en los pueblos y así, al menos, que la gente que vive allí tenga la oportunidad de hacer algo”.
La fecha elegida, por tanto, ya es una declaración de intenciones; no solo se celebran después de los incendios del verano, específicamente en esta zona tan afectada, sino que lo hacen para ofrecer un pasatiempo cultural para los vecinos que han sido los verdaderos afectados por las llamas y sus consecuencias. Aun así, Gómez reconoce que los trámites burocráticos han hecho que la fecha de celebración se postergase más allá de lo que habían ideado: “Las ayudas no se resolvieron hasta noviembre, por lo que no pudimos poner en marcha el festival hasta entonces. La idea era programar en septiembre y acabar a principios de diciembre, pero lo hemos tenido que hacer al revés”.
No ha sido fácil tampoco organizar el festival, ya que la carencia de infraestructuras necesarias en pueblos tan pequeños en invierno resulta un problema mayor que en verano: “El pueblo de Las Médulas, como muchos otros de la provincia de León, a veces tiene infraestructuras comunitarias muy deficitarias. En verano programas en la calle o en la plaza, pero ¿en otoño dónde?”. Además, tras los incendios, la preocupación de las administraciones estaba en la recuperación de la localidad y el entorno: “Cuando yo contacto en septiembre con los responsables de Médulas, pues tampoco es fácil por lo que tienen que reconstruir, y porque de pronto les llega un proyecto muy interesante, pero que no saben cómo articularlo”.
Finalmente, como escenario cubierto (aunque hubo espectáculos que aun realizándose al aire libre llegaron casi a un lleno completo) dispusieron del salón del Hotel Medulio: “Lo de actuar en el Hotel Medulio, ya no solamente es porque como infraestructura nos venía bien, sino por tener un guiño con los hosteleros” después de que negocios como el restaurante O Camiño Real, situado justo enfrente, quedasen calcinados: “De hecho, en los alrededores del hotel, las hierbas están todas quemadas. Eso era también una declaración de intenciones, decir: ”Venimos a programar a un local de hostelería, al pueblo de Las Médulas, y que la gente vea realmente hasta dónde llegaron los incendios“, comenta Gómez.
Una respuesta a los incendios
La compañía Fabularia, con sede en Borrenes, lleva años actuando en El Bierzo y, aunque su propuesta nació de forma previa a los grandes incendios del verano, Gómez asegura que este triste suceso solo aumentó su interés por celebrar el Festival de Otoño en Las Médulas.
Sin embargo, el director lamenta la falta del respaldo de algunas instituciones como la Diputación de León o la Cátedra de Territorios Sostenibles y Desarrollo Local de la Uned, especialmente teniendo en cuenta que se realiza en torno a este Patrimonio de la Humanidad, gravemente afectado por los incendios: “Esto es un proyecto que se presenta a unas subvenciones en concurrencia competitiva y si el proyecto no consigue los puntos no te lo subvencionan. Pero hubo algo fundamental que pasó después de presentarlo; que sucedieron los incendios, y sin que lo político interfiriera, sí que es verdad que hay ciertos proyectos que a lo mejor son más oportunos”.
A pesar todo, la organización del festival agradece el apoyo de la Junta de Castilla y León, el Consejo Comarcal de El Bierzo, los ayuntamientos de Priaranza del Bierzo y Borrenes, del Patrimonio Natural de Castilla y León y la Fundación Las Médulas.
De hecho, para Gómez, sumar más apoyos sería fundamental para celebrar una segunda edición del festival, durante las fechas originales: “Al tener nosotros que desarrollar toda la iniciativa, incluso con la ayuda de la Junta, realmente hemos trabajado mucho y no hemos cobrado todo ese trabajo. Aun así, estamos esperanzados en que las administraciones realmente puedan sumarse y podamos trabajar con más tiempo”.
Desde luego, lo que ha quedado demostrado es que la cultura ha servido para unir a los vecinos de los pueblos que rodean este singular paraje en torno a la cultura, con el apoyo unánime de sus habitantes durante un invierno especialmente gris. El director recuerda una anécdota que simboliza el orgullo que han sentido los bercianos al acoger en sus pueblos espectáculos de tan alta calidad: “El director del Teatro Bergidum de Ponferrada acudió a uno de los espectáculos como espectador y una vecina de Priaranza, que suele ir al teatro en Ponferrada, le reconoció y quiso saludarle. Le dijo: 'Qué alegría verte en mi pueblo, porque normalmente somos nosotros quienes tenemos que ir a Ponferrada a ver espectáculos, y me alegra que tú hayas venido a mi pueblo a ver uno'”.