Así se construyó el éxito del Bergidum: 30 años de teatro contados por su director Miguel Ángel Varela

Miguel Ángel Varela, director del Teatro Bergidum desde hace tres décadas.

Elisabet Alba

Miguel Ángel Varela llegó al Bergidum en el verano de 1996, un teatro en obras a tres meses de su reapertura como espacio escénico público. El 1 de octubre estaba marcado en el calendario y todavía faltaba mucho por hacer antes de que la Reina Sofía y una nutrida representación institucional, entre autoridades nacionales, autonómicas, provinciales y locales, iniciaran la nueva etapa para un edificio que los ponferradinos habían conocido sobre todo como cine y que se ha convertido en uno de los teatros de referencia de León.

Cambió el periodismo por dirigir. “Siempre me interesó mucho la cultura. Había hecho mis pinitos en el teatro, aunque afortunadamente no seguí por el mundo de la interpretación para beneficio del teatro. Y me puse por primera vez a hacer frente a una gestión cultural y a hacer una programación”, recuerda a este medio.

A su favor tenía el conocimiento real del entorno social. En su contra jugaban la gran expectación y la gran expectativa que se habían creado en la ciudad después del largo periodo que llevaba cerrado. “Tenía claro que había que recuperar un público que existía y captar público nuevo y estábamos absolutamente 'dopados' de entusiasmo”.

“Intuía que había una gran parte de la población que podría tener interés en una programación cultural”, explica. El problema era que, si no existía esa oferta, tampoco se podía saber cuánta gente estaba dispuesta a acudir. “No se ama lo que no se conoce”. Y la respuesta llegó enseguida. En aquellos primeros tres meses se hicieron más de 50 actividades, hubo una demanda brutal del público y se alcanzaron unos niveles de ocupación altísimos, recuerda Varela.

Aquella frase terminó siendo casi una filosofía de trabajo. El Bergidum no podía limitarse a programar lo que el público ya conocía. Había que enseñarle todo lo demás.

Por eso llegaron propuestas que hasta entonces apenas habían tenido espacio en Ponferrada, como la danza contemporánea o el circo, y se reforzaron desde muy pronto las campañas escolares y el teatro infantil. La idea era que los espectadores del futuro tuvieran una primera experiencia con las artes escénicas y que esa experiencia fuese lo suficientemente buena como para querer repetir.

Treinta años después, Varela sigue poniendo especial atención a los más pequeños. “Siempre me he preocupado mucho porque la oferta para el público escolar tenga las máximas garantías y la máxima calidad. Que sea algo que se les quede”. Le brillan los ojos al recordar sus aplausos al final de cada función: “Esas manos pequeñitas aplaudiendo. Son como gotas de lluvia sobre un tejado”. Algunos de esos espectadores han vuelto, muchos años después, ya como adultos. Incluso hay quienes han acabado dedicándose profesionalmente a las artes escénicas. “Lo que no se conoce difícilmente se puede amar”, insiste.

Pero en todos estos años, Valera sí que aprecia un cambio en el público adulto. Después de la pandemia, cuando la recuperación de los espectadores empezó a consolidarse, detectó algo que considera especialmente significativo: el rejuvenecimiento en el patio de butacas. “Antes se decía que en los teatros solo se veían canas y calvas. Ahora, se ve mucho pelo y además pelos de muchos colores”, subraya orgulloso.

Los números acompañan esa percepción. Entre 2022 y 2025, el teatro ofreció 557 actividades y reunió a más de 168.000 espectadores. Las 418 actividades escénicas profesionales tuvieron una ocupación media superior al 79% y una valoración del público de 9,22 sobre diez. Y el programa de abono alcanzó cifras de ocupación que han obligado a plantear dobles funciones.

“La función empieza un año antes”

Varela habla de esos datos con satisfacción, pero también con una cierta distancia. No le gusta ponerse demasiadas medallas. Cuando se le pregunta por el éxito del Bergidum, enseguida habla del equipo y del trabajo que no ve el espectador.

“El espectador viene a las 8, ve la función, aplaude y se va. Pero esa función que ha empezado a las 8, el trabajo ha empezado un año antes a veces”, explica. Y ni siquiera termina cuando se encienden las luces de la sala: “El trabajo se acaba cuando se cobra la última factura, y a veces se tarda bastante en pagar”.

Detrás de cada compañía que llega al escenario hay meses de conversaciones, fechas, presupuestos, contratos, desplazamientos, campañas de promoción y una compleja maquinaria administrativa. Un trabajo que recae en una plantilla que, según reconoce, siempre ha sido demasiado pequeña para todo lo que se ha hecho. “Sin su esfuerzo y su entrega hubiera sido imposible hacer el trabajo que hacemos”, dice al hablar de quienes forman y han formado parte del equipo del teatro.

Ponferrada en el mapa

El Bergidum resurgió teniendo claro que no se podía quedar encerrado en Ponferrada. Desde los primeros años se incorporó a las redes profesionales de teatros y comenzó a trabajar junto a otros espacios públicos para conseguir que las compañías pudieran realizar giras más racionales y reducir costes.

Para Varela, esa colaboración fue fundamental para que un teatro de una ciudad que no es capital de provincia pudiera tener acceso a propuestas de primer nivel. Ponferrada empezó a compartir circuitos con León, Palencia, Soria, Benavente o Miranda de Ebro y a participar en los espacios donde se tomaban decisiones sobre la programación y la circulación de espectáculos.

“El Bergidum ha estado y está reconocido”, resume. Ha trabajado “coherentemente con el contexto local, provincial, regional y nacional” hasta convertirse, a su juicio, en un espacio “valorado”.

También han nacido alrededor del teatro nuevos proyectos y festivales. El jazz, la música o el circo contemporáneos han encontrado su sitio en una programación mucho más variada que la de hace tres décadas. Km. 251 Ponferrada es Jazz, el Festival de Música Contemporánea Cristóbal Halffter o Sin Red son algunos de los proyectos que han ido ampliando esa oferta. El circo, que entró inicialmente “muy tímidamente”, ocupa ahora una parte estructural de la programación.

Miguel Ángel Varela, director del Teatro Bergidum desde hace tres décadas.

Un teatro que superó una crisis económica y una pandemia

Estos 30 años también han tenido sus complicaciones. La crisis económica por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria llegó al Bierzo acompañada del final de la minería y tuvo consecuencias directas sobre la cultura. En 2010, la financiación de la Red de Teatros de Castilla y León para Ponferrada se redujo un 60% y la aportación municipal un 50%.

El Bergidum decidió entonces mantener la programación “jugando con la taquilla”, buscando una fórmula de cofinanciación y reforzando la colaboración con otros teatros públicos. “Nos pusimos las pilas”, resume Varela.

Pero si hay un momento que recuerda como especialmente duro ese fue el de la pandemia de coronavirus COVID-19. En marzo de 2020 se cerraron los teatros y se suspendió la programación. “Fue terrible”, dice. Durante meses tocó revisar protocolos sanitarios, aforos y aplazar funciones mientras las compañías sufrían también una situación límite.

Aquel verano, sin embargo, el Bergidum salió a la calle. Los festivales de Jazz y Corteza de Encina se trasladaron al jardín de la Casa Valdés, un espacio que pudo recuperarse para la actividad cultural y que permitió mantener una programación en unas circunstancias extraordinarias.

En otoño, el teatro volvió al Bergidum con buena parte de las funciones que habían tenido que ser suspendidas. Y también fue volviendo poco a poco el público. Primero con miedo y después con muchas ganas, hasta el punto de que, en los últimos años, el problema ha dejado de ser encontrar espectadores y ha pasado a ser cómo atender una demanda que en algunos casos obliga a programar dos funciones.

“Estos 30 años han sido el periodo más largo de estabilidad en materia escénica de la historia de Ponferrada”, sostiene Varela. Una estabilidad que le ha permitido construir una programación “estable, plural, variada, rica” durante tres décadas, y las que quedan.

En el horizonte, el relevo

Recién cumplidos los 30 años de la reapertura del Bergidum como teatro público, Varela llega también a las tres décadas como director y, por primera vez en el horizonte, aparece la necesidad de relevo.

“Somos ya mayores, ha llegado el momento de recambio”, reconoce. “No tengo una fecha para jubilarme, pero tengo 65 años”, dice con sorna. No hay, por tanto, una fecha de despedida sobre la mesa. Sí la certeza de que los años pasan y de que un proyecto como el del Bergidum tendrá que continuar algún día con otra persona al frente. “Como dijo el otro día el director del Festival de Cine de San Sebastián: Soy el pasado y el presente, pero no soy el futuro”.

Lo que tiene claro después de estos 30 años es que seguirá yendo al Bergidum. “Como espectador voy a seguir siendo espectador de teatro hasta que las fuerzas me lo permitan”.

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