Teatros y cines leoneses: “El Bergidum es el motor cultural de Ponferrada y el Emperador, el gran reto de León”
León capital, que pudo tener un teatro modernista en San Marcelo, espera anhelante la reapertura del Emperador, a cuya fachada se arrimaban curiosos para alzar la vista y comprobar si se veía algo bajo las faldas de Kelly LeBrock en el cartel de La mujer de rojo. Ponferrada, que era la Ciudad del Dólar cuando Juanito Valderrama parió la letra de El emigrante tras actuar en el Edesa, tiene hoy un filón, cultural pero también con repercusiones económicas, en el Bergidum. Las efemérides (el Emperador cumple 75 años de su apertura y el Bergidum 30 de su reapertura) marcan el congreso Teatros y cines en León y provincia, donde también se analizan hasta este jueves cuestiones como la paradoja de que los cines fueran al mismo tiempo arma de evasión y de control en las cuencas mineras o la importancia tanto de grandes transatlánticos como la ELDE (Empresa Leonesa de Empresarios) como de pequeños emprendedores en el rural.
La cita, que subraya la importancia de edificios que van mucho más allá de los muros y los ladrillos ahora que en Ponferrada ir al cine pasa inexcusablemente por acudir a un centro comercial, es el resultado de un esfuerzo colectivo capitaneado por sus coordinadores. Son el profesor de Historia Contemporánea de la UNED Francisco Balado Insunza y el director de la Escuela de Arte y Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de León, Jorge Martínez Montero, que ha coronado el trabajo con una obra monumental: el libro Teatros y cines leoneses.
¿Qué impacto social tuvo en León la llegada del teatro? ¿Fue comparable al que tuvo después del cine? ¿Y cómo convivieron ambos a principios del siglo XX?
Jorge Martínez: Las producciones teatrales ya tienen importancia en la ciudad de León en los siglos XVII y XVIII. Con la invención del cinematógrafo, empiezan a tener un menor calado. Ahí el público experimenta un cambio. ¿Por qué? Porque ya la gente tiene un espacio concreto donde sociabilizar. Es una manera de abrir las ventanas al mundo: el cine implica nuevas miradas, nuevos paisajes y una cierta reflexión. A partir de los años diez del siglo XX, cuando se construye el Teatro Alfageme, es cuando empieza a pugnar lo teatral con lo cinematográfico. Y a partir de grandes estrenos cinematográficos como el de Quo Vadis, empieza a tomar mucha más fuerza lo cinematográfico. El coste de traer a las compañías teatrales era muy elevado hasta el punto de que se dejaban, ex profeso, para festividades concretas. El resto del año era inviable tener una programación estable.
A partir de los años diez del siglo XX, cuando se construye el Teatro Alfageme, es cuando empieza a pugnar lo teatral con lo cinematográfico en León. Y a partir de grandes estrenos cinematográficos como el de 'Quo Vadis', empieza a tomar mucha más fuerza lo cinematográfico
Se ha puesto sobre la mesa del congreso que la provincia tuvo en torno a 200 cines y teatros. ¿Hablamos de recintos físicos, al margen de las proyecciones ambulantes?
Francisco Balado: Hablamos de cines y teatros, pero no todos a la vez, sino a veces en el rango cronológico que va desde la llegada del cine hasta el declive del cine. Pero sí, hubo cerca de 200 recintos físicos.
J.M: A veces conviven en el mismo espacio diferentes cines; en la propia localidad, o incluso en el mismo solar: se construye uno, se derriba y se levanta otro con el paso del tiempo.
¿Y cómo podemos ilustrar la importancia que tuvieron las proyecciones ambulantes?
J.M.: El cinematógrafo surgió con los Lumière en 1895. A la ciudad de León llegó cinco años más tarde. Y empiezan a realizarse esas primeras proyecciones al aire libre con esas barracas en la plaza de San Marcelo. Hay numerosos cinematógrafos que llegan aquí para realizar esas proyecciones. Los agustinos también tuvieron peso. El Recreo Industrial fue uno de los primeros lugares donde se realizaron esas proyecciones y donde adquirieron un cinematógrafo, un Lumière, Tuvieron muchísimo éxito.
¿Y en el medio rural?
J.M: Ahí llegaron mucho más tarde.
F.B: Hay muchos casos. Pero parte de esa memoria se nos ha perdido. Convivieron los físicos con los ambulantes, porque hay cine ambulante incluso hasta en los años sesenta. Pero no tenemos fuentes a las que poder acceder más que testimonios de gente que ya no se nos ha ido. Yo cito a Damián Tascón, que era un hombre muy emprendedor. En Piedrafita de Babia, donde hubo un cine físico, los mineros salían de la mina y Damián les proyectaba películas en una especie de cobertizo. Y además de proyectar la película, les ofrecía refrescos... Este tipo de cine ad hoc, para colectivos, también es un cine ambulante. Pero, sobre todo, había gente que se dedicaba a ir por los pueblos, como ha contado en el congreso Chema Sarmiento. Yo tengo localizados a varios, pero a través de referencias muy difusas. Había un tal Contreras, que iba por los pueblos del Alto Bierzo. Y cuenta Melchor Moreno que les daba dinero si lo promocionaban. Tenían que decir: “Que viene Contreras y su cine”.
Hay un apartado del congreso dedicado a las cuencas mineras, donde el cine era un elemento de evasión del trabajo, pero también de control por parte de los empresarios o del régimen franquista. ¿Cómo convivía una cosa con la otra?
F.B: Convivía de una manera muy sorprendente. Después de la Guerra Civil, hay un boom de la minería. Y España es una dictadura. El control social está por definición en un sistema autoritario, sobre todo al principio. Cualquier forma de expresión externa tiene que someterse primero a una censura; segundo, a una propaganda, a través del NO-DO, que se emite en todos los cines antes de la película; y tercero, las películas fomentan los valores que el régimen quiere. Pero eso se va matizando con el tiempo. Y al final llegan películas como Gilda. Y no censuraron la raja de la falda de Rita Hayworth. El control total es muy difícil. Pero hay otros controles. Está el de la Iglesia: las parroquias, sobre todo en los pueblos, los utilizan para la catequesis, para adoctrinar; se proyectan películas que tienen que ver con todo ese componente. Y tenemos empresas mineras, que tienen la misma filosofía proteccionista que el Estado. Y también llevan a cabo ese control social: y a los operarios y a sus familias les proporcionan desde el economato hasta la vivienda, y también el ocio, que está dirigido. Y utilizan espacios, como hace la Hullera Vasco-Leonesa, para sus propios programas formativos. Y hay fotos del cine de Ciñera con celebraciones como el día del trabajador. Pero todo eso convivía con la cuestión emocional que tiene el cine, y su capacidad de llevarte a sitios que no vas a conocer nunca. Y eso sin desdeñar el resto de cines del resto del mundo rural, que fueron también muy importantes.
¿Hasta qué punto el Edesa fue en Ponferrada causa, consecuencia o las dos cosas del trasvase de actividad social, económica y cultural del casco antiguo a la Puebla?
F.B.: El Bergidum empieza como cine y luego se convierte en teatro. Y se baja hacia la Puebla, hacia el ensanche, hacia la expansión con los años cincuenta. Y no sólo fue importante el Edesa: nacen también el Adriano o el Morán. Incluso en un barrio como Flores del Sil nace el Cine Sil, que tenía un aforo de 1.400 personas. No duró mucho, pero era algo impresionante.
J.M.: Era el Emperador berciano.
San Miguel de las Dueñas, donde en 1953 comienza Coto Wagner y Coto Vivaldi con el hierro, pasa de 600 habitantes a más de 2.000 en cinco años. Y hay en el plazo entre 1956 y1959 cuatro proyectos de cines. Sólo hubo al final un cine, pero hasta tres grupos de emprendedores, uno de ellos el alcalde, vieron ahí un negocio
¿Qué particularidades tenían las empresas y los empresarios del sector?
J.M.: Hablamos de personas que tenían un auténtico monopolio en la época, que además formaban unas estructuras empresariales que aglutinaban linajes familiares, como ocurría en otros sectores de la sociedad leonesa. Y eso les permitió ir poco a poco arrendando y comprando espacios teatrales y escénicos. Y cuando surgía un nuevo espacio cinematográfico o teatral que supusiera una posible amenaza para su control, lanzaban rápidamente una opa para intentar hacer que ese que ese espacio estuviera bajo su control o que estuviera controlado.
F.B.: Y había pequeños emprendedores. Había empresas familiares, muy pequeñas, sobre todo en los pueblos. Veían el negocio, pero muy circunscrito a ese pueblo. Y también había quieros y no puedos: gente que tenía un solar y solicitaba un proyecto, incluso una simple memoria, a los arquitectos. Un ejemplo claro es San Miguel de las Dueñas, donde en 1953 comienza Coto Wagner y Coto Vivaldi con el hierro. Y San Miguel pasa de 600 habitantes a más de 2.000 en cinco años. Tiene estación de tren. Y hay en el plazo entre 1956 y1959 cuatro proyectos de cines. Sólo hubo al final un cine, pero hasta tres grupos de emprendedores, uno de ellos el alcalde, que vieron ahí un negocio.
El teatro y el cine, en la contemporaneidad y sobre todo en el siglo XX, es un elemento absolutamente indisociable de la evolución social de cualquier lugar. Hay otras provincias en que la evolución puede ser más anodina. Aquí, la propia importancia que tiene la industria minera en la provincia hace que eso se expanda en diferentes ámbitos
¿Y a ese fulgor lo va matando la reconversión económica, la tecnología, la televisión?
F.B.: La entrada del consumo de televisión en los hogares es lo primero que afecta al cine en los años sesenta y principios de los setenta. Luego afecta, ya en los años setenta, la propia crisis, aquí en esta provincia con repercusiones en la minería y la industria en general. Y a finales de los años setenta y principios de los ochenta llegó el vídeo, que fue matando al cine poco a poco. Los cines pequeños en los pueblos son los primeros que desaparecen, lógicamente. En 1985 ya prácticamente no queda ninguno de aquellos cines, salvo los emblemáticos que todavía hoy funcionan: Cistierna, Villablino y poco más.
J.M.: Y esos sobreviven fundamentalmente por el cine infantil. Porque los grandes estrenos, a golpe de clic en una plataforma, los ves en tu domicilio. Y ya no vas a no ser que sea una experiencia sensorial de un 3D, de unas gafas de realidad virtual, experiencias inmersivas, que es lo que actualmente busca el espectador en el ámbito cultural. Si no, están en declive, absolutamente.
F.B.: Al investigar todo esto te das cuenta de cómo el teatro y el cine, en la contemporaneidad y sobre todo en el siglo XX, es un elemento absolutamente indisociable de la evolución social de cualquier lugar. No sé si del mundo. Y en León es especialmente significativo por la propia configuración y el devenir de la provincia. Hay otras provincias en que la evolución puede ser más anodina. Aquí, la propia importancia que tiene la industria minera en la provincia hace que eso se expanda en diferentes ámbitos.
El congreso ha analizado edificios pensados por y para el cine y el teatro. Y hoy en Ponferrada, y por extensión en todo El Bierzo, para ver una película en el cine hay que ir a un centro comercial. ¿Cómo cambia eso la perspectiva?
J.M.: Es la sociedad de consumo en la que nos encontramos. Estamos en un momento en el que, por mucho que uno quiera, irremediablemente tienes que entrar a esos espacios, consumir y tenerlo todo a mano. Es como la inmediatez en el acceso a la información. Estamos en una sociedad en la que necesitamos el consumo y la inmediatez.
El Emperador no es un mero edificio, sino que está imbricado en las emociones, en la intrahistoria, en la imaginación y la idiosincrasia de los leoneses. Cuando un edificio trasciende y provoca la identificación de las personas, va mucho más allá de una mera declaración y de una mera protección
¿Qué está suponiendo el Teatro Bergidum para Ponferrada y qué tendría que suponer la anhelada recuperación del Teatro Emperador para León?
F.B.: Yo creo que todos estamos de acuerdo en que el Bergidum es el auténtico motor cultural de la ciudad. Eso no tiene discusión de ningún tipo. Gracias al Bergidum, Ponferrada tiene una actividad cultural ya no sólo teatral, sino todo lo que alrededor del Bergidum se hace. Y eso demuestra cómo una actividad cultural, en este caso el teatro, puede ser un motor económico; y hacer de una ciudad que no tenía hace 30 años, ni de lejos, una mínima actividad cultural, pues un lugar al que la gente acude, entre otras cosas por su actividad cultural.
J.M.: El Emperador supuso, hace 75 años, un revulsivo para la ciudad. Significó la gran apertura cultural para la ciudad, constituyó la joya de la corona de la ELDE (Empresa Leonesa de Espectáculos) y, a día de hoy, supone el gran reto cultural que tiene esta ciudad. Lo tiene; y, además, debe cerrar ese episodio pendiente porque la sociedad lo demanda. El Emperador no es un mero edificio, sino que está imbricado en las emociones, en la intrahistoria, en la imaginación y la idiosincrasia de los leoneses. Cuando un edificio trasciende y provoca la identificación de las personas, va mucho más allá de una mera declaración y de una mera protección. Y esa tarea pendiente va a hacer que nos reencontremos con el espacio, con la cultura y que la sociedad leonesa se sienta mucho más realizada volviendo a visitar, a disfrutar y a recordar las vivencias que tuvo en un espacio como ese. Como hemos perdido el Principal y el Alfajame, el único testigo que nos queda es el Emperador. Si no somos capaces de mantenerlo, conservarlo, restaurarlo y ponerlo en valor y darle una función, no estaremos cumpliendo con esa misión que tenemos, que es la de legar a nuestras generaciones futuras el patrimonio en su estado más óptimo. Todas las autoridades coinciden en que ahora está dando pasos de gigante, pero también es cierto que estamos en un periodo de finalización de legislatura y desconocemos qué va a ocurrir a partir del mes de mayo del año 2027. Y va para largo. Pero es un primer paso para que se haya reactivado. ¿Hay voluntad? Sí, y hasta el momento no había voluntad política. Pero se han dado cuenta de que este edificio es mucho más que un edificio.