De las aulas de Fabero a sus murales: el trabajo de dos artistas bercianas que pintan la tierra que las vio crecer
Aparecen paredes dibujadas en la cuenca de Fabero, y lo hacen manos que nacieron en las raíces de esta tierra. De sus galerías, de sus pozos, de sus montañas o de sus pastos. Que los murales ilustren cada vez más pueblos y ciudades no es ni nuevo ni exclusivo del municipio de Fabero, pero que dos personas que se criaron en sus escuelas plasmen su obra en su cuenca, no es tan habitual. Ellas son Raquel Rodríguez Martínez y Laura Gallego del Cura.
“Siempre me gustó dibujar, pintar, y cuando estaba estudiando la ESO comenté en casa que quería estudiar Bellas Artes. Lejos de persuadirme, mi padre me confesó que fue su carrera frustrada y que me apoyarían hasta el final”, explica con cierta emoción Raquel Rodríguez Martínez ante el mural que lleva su firma en Otero de Naraguantes. Al finalizar la ESO, Rodríguez Martínez estudio el bachillerato artístico en Ponferrada y de ahí al Campus de Pontevedra dependiente de la Universidad de Vigo a estudiar Bellas Artes.
Este verano, recién titulada, el Ayuntamiento de Fabero llamó a su puerta con la propuesta de hacer su primer mural, y Raquel respondió que sí sin pensarlo dos veces. Incluido en el programa del Pacto de Estado contra la violencia de Género, el mural se encuentra en frente del bar de Otero de Naraguantes. Tres mujeres de tres generaciones en una pared, otra mujer más joven acompañada de varias mariposas —símbolo universal contra la violencia machista— y la frase “Frente a la violencia machista, actúa”, son el resultado de su trabajo. Raquel quiso dibujar a tres generaciones anteriores a la suya porque “todas hemos sufrido algún tipo de violencia machista, y no hace falta que sea maltrato físico para considerarlo violencia machista, pero las generaciones con nos anteceden fueron las que más se lo callaron y guardaron”, explica convencida.
Frente a las críticas que le puedan llegar sobre su mural, esta faberense apunta directa: “si tú no quieres que esto se represente, haz que no suceda”, para añadir que “vivimos en una sociedad machista, todas las personas tenemos comportamientos machistas porque fuimos educadas a así, y desaprender cuesta mucho, pero es el camino hacia la igualdad”. Raquel explica que hay muchos micromachismos que hay que corregir, y pone varios ejemplos. “Cuando un amigo te dice de una chica que es una guarra, puedes responderle que, igual que él si los dos hicieron lo mismo, o si llegas a la barra de un bar y hay todo hombres, no dejar de ir por ese motivo. O si tu pareja, que veo que está pasando en mi generación, te dice que si él no sale de fiesta tú no sales o que llevas una falda demasiado corta, le dices que, si no está a gusto así, se acabó”.
Rodríguez Martínez es de las que piensa que no todo está perdido frente al aumento del machismo entre jóvenes, o que casi el 25% de su generación no veo con malos ojos un sistema no democrático. “Veo que hay un aumento, sí, por eso la necesidad de este mural, pero también creo que se le da más visibilidad a una concentración de gente de extrema derecha que a una concentración contra el fascismo”.
En cuanto al futuro a corto plazo, sin dejar de lado la pintura, Raquel quiere avanzar por el camino de la enseñanza. “Es muy difícil en España dedicarse solamente al arte, no está valorado como en Francia o Alemania, por ponerte dos ejemplos. Si una chica joven me pidiera consejo, le diría que, si lo desea realmente, adelante, sin ninguna duda, pero que tuviera claro que este camino quizá sea más complicado de transitar que otros”, destaca.
Finalizando la conversación con Raquel y con un trasiego de clientes que entran y salen del Bar Restaurante Otero observando el mural, Raquel saca de su bolso unas láminas ilustradas con la frase “Mi abuela es de El Bierzo”, unos marcapáginas con temática minera y varias pegatinas. La última frase de Rodríguez Martínez es un reclamo tanto a para su municipio como a todos los municipios rurales, “hay gente que se sorprende al ver un mural en un pueblo de cien habitantes o menos, y ahí radica el problema. También tenemos derecho a la cultura, a la vivienda y a servicios públicos. No somos más, pero tampoco menos que las personas que viven en una ciudad. Si con mi trabajo puedo a lanzar este mensaje, allí estaré”.
“A dibujar y a pintar se aprende dibujando y pintando mucho”
Laura Gallego del Cura se dedica profesionalmente a lo que estudió, Diseño de Moda en Madrid y Bellas Artes en Pontevedra. Aunque su formación también se basó en diferentes cursos para complementar lo que aprendió en la universidad. Ante la pregunta de como lleva su día a día, la respuesta es sencilla: “mucha dedicación. A dibujar y a pintar se aprende dibujando y pintando mucho. Si te tomas un ves de vacaciones sin pintar nada, lo notas, la mano lo nota y está más torpe. Te cuesta volver a empezar”, explica.
Sobre la otra cuestión planteada, qué le diría a una de sus alumnas que asisten a su LAWENART Estudio de Pontevedra, le diría que “si tú lo tienes claro, la presión de los demás te tiene que importar muy poco. Eso sí, tienes que tener muy claro que hay que trabajar mucho, pero mucho es mucho”, incide, para continuar diciendo que “a esto añado que mi entorno siempre me apoyó”. Sobre la academia, Gallego del Cura señala que la abrió hace casi diez años, y está centrada en edades entre los tres y los diecisiete años, es decir, de colegios e institutos.
Al margen de la academia, pero sin salir del todo de ella, Laura también realiza murales, diseños para bolsos, pendientes y ropa entre otras cosas. Algunos de sus murales se pueden ver en pueblos como Fontoria, Finolledo, Fabero, Benavides y en Pontevedra, concretamente en uno de sus colegios. “Los inviernos son para la academia. La lluvia y el hielo no son buenos amigos de los murales”, explica Laura, añadiendo que “de cara a la primavera y el verano me suelen venir varios encargos de murales”.
Sobre sus vecinos y vecinas, Laura señala que les sorprende que esta sea su forma de vida y que se pueda dedicar a ello a lo que siempre le gustó. “Me conocen desde niña. Fue una progresión, poco a poco. No fue algo que vieran de repente”.