La otra cara del vivir en un pueblo remoto: Burbia reclama carreteras, cobertura móvil y servicios para no solo resistir
La tarde del pasado 28 de julio, cuando Nathalie Orgaz terminó de dar las últimas comidas de su restaurante, dijo lo siguiente: “estamos en una ratonera, si vuelve a ocurrir lo del año pasado, volveremos a sentir la misma angustia. No sabíamos nada, no nos informaban, y como ves, no teníamos más salida que esa carretera. En Burbia llevan años solicitando que asfalten los cinco kilómetros que nos separan de Aira da Pedra, pero ni caso. Hasta que no arda todo, no harán nada, y luego, ya será tarde”. Como si de una macabra premonición se tratara, esta asturiana que volvió al pueblo de su familia paterna con la idea de montar un restaurante, La cocina d´Orgaz, vio como justo al día siguiente todo ardía.
El miércoles 29 de agosto comenzó a arder de madrugada el monte de Moreda con dirección a Penoselo, pueblos que, igual que Burbia, forman parte del municipio de Vega de Espinareda. Ese mismo día, ya por la tarde, comenzó a arder el monte de Veigueliña, perteneciente a Villafranca del Bierzo, llegando las llamas a San Pedro de Olleros y enlazando con el de Moreda, mencionado anteriormente. A día siguiente Nathalie escribe un mensaje: “Te acuerdas lo que te conté el martes, pues bien, está pasando otra vez. Llevamos más de 24 horas sin luz, igual que en Paradaseca, y nadie nos explica nada”. Finalmente, la luz regresó y las llamas se extinguieron en este rincón del noroeste, pero la sensación que le queda a quienes habitan estos pueblos es la misma: “el año que viene si el monte arde de nuevo, seguiremos igual, sin ninguna medida. Si haces el favor, cuando todo esto pase, cuéntalo, para que no se olviden de quienes vivimos aquí”.
Volviendo la vista atrás, a esa tarde de verano antes de que el olor a ceniza impregnase las calles de Burbia y el humo cubriese el cielo, entramos en La Casa Vieja. El refugio de los pecadores. Allí María López Bastos recibe a la numerosa clientela que en esas fechas regresan a Burbia para pasar la época estival. Tanto María como su pareja tenían un pequeño bar en Vigo. Con la pandemia tuvieron que cerrarlo y fue ahí cuando decidieron regresar a Burbia.
La Casa Vieja, que no era bar, pero si era vieja, pasó de ser una cuadra a convertirse en uno de los puntos neurálgicos del pueblo. El bar está abierto todo el año salvo el mes de enero y los lunes. De martes a jueves de mañana y el fin de semana todo el día. “Nuestra clientela es principalmente la gente del pueblo, pero viene mucha gente que se acerca al valle del Burbia a hacer montaña, ya sean rutas largas como el Mustallar o Lagos a rutas más pequeñas por el pueblo”, señala María. Entre sus reivindicaciones destaca una cobertura móvil decente, que arreglen la carretera, ya que llevan demasiados años pidiéndolo, prevención de incendios y más servicios. “El médico viene los jueves, y solo los jueves que puede venir. Lo más cerca que tenemos es el Hospital El Bierzo en Ponferrada”, afirma López Bastos, a una hora de viaje por carretera.
La Casa Vieja tiene un sobrenombre, 'El refugio de los pecadores', y María quiere contar la razón. “Aquí vivía mi suegro, que era ateo, y con el resto de ateos hacían reuniones en las que bebían, fumaban y demás, y justo enfrente había una señora muy beata, de nombre Bernarda. Los domingos, cuando el resto del pueblo estaba en misa y aquí mi suegro con el resto de paisanos de fiesta, Bernarda decía: eso es el refugio de los pecadores, y claro, nos vimos en la obligación de indicarlo en el cartel”.
Antonio López, Toni, un vecino del pueblo que trabaja como informático en Vigo y pasa todo el verano en Burbia más varios fines de semana, destaca el apego de la gente de su pueblo por volver a la raíz. “Me pasé aquí todos los veranos de mi infancia, y mientas pueda y la cobertura y el teletrabajo me lo permitan, quiero que mi hijo disfrute de nuestro pueblo igual que lo hice yo”. Antonio destaca que no solo vienen a Burbia los que nacieron aquí y emigraron, sino que lo están haciendo sus hijos, incluso sus nietos. “Esperemos que esto siga así. Hay gente que emigró a Francia, Madrid, Cataluña o el País Vasco y siguen regresando cada verano y en los puentes. Que haga eso la segunda generación, incluso la tercera, es algo para poner en valor.
Burbia cuenta con un vecino en su haber que forma parte de los pocos teitadores que tiene la provincia de León. Juan González Abella, como pudo verse en este reportaje de la Catedra de Estudios Leoneses, junto a Chis, de Balboa, son algunos de ellos. Juan destaca se que está haciendo más teito en la actualidad que hace veinte años, porque ahora se está poniendo en valor. “Piornedo es sin duda el pueblo donde más se está recuperando, y luego O Cebreiro, Balouta y Lois, en la montaña oriental”.
El pan, como se llama a la paja con la que se teita, la adquiere en Vega de Magaz, en la Cepeda. Juan no da abasto con la labor que tiene pendiente. “Robles, Balouta, Lois y Piornedo. Voy a hacer sesenta y cuatro años y con el teito que tengo apalabrado, no me da para ponerlo antes de que me jubile”, señala. Además de ponerlo, González Abella de clases como teitador, igual que Manolo, de Chan de Villar, hizo con él, al que considera su mentor. “El teito está en auge. Llevamos cuatro o cinco años que esto no para de subir. Hórreos, restaurantes o pallozas. El problema es que no hay relevo”, indica Juan, para finalizar diciendo que “este oficio requiere de otro que lo complemente. No te puedes dedicar solo a este, porque hay temporadas muy largas que nadie te llama. Esperemos que esto no termine aquí y siga varias generaciones”.
Mientras pasa la tarde, vecinos y vecinas se acercan a la poza del río, donde el agua del Burbia recorre sus primeros metros. “El agua de Vega estos días está bajando muy negra debido a las tormentas que arrastran todo lo que se prendió el año pasado. No vais a encontrar agua más pura que esta del Burbia”. Estas palabras, igual que las primeras del reportaje, las pronuncia Nathalie, que se propuso abrir un local en Burbia donde la gente pudiese comer, aunque solo fuera un bocadillo, pero consiguió algo más. “En 2020 empecé con el papeleo, en 2022 con la obra y en julio de 2025 se inauguró La cocina D´Orgaz. Hace justo un año”, explica esta asturiana.
Orgaz defiende que Burbia es una zona privilegiada, ya que es de las pocas en las que el turismo no está masificado, no está tan explotado. Sobre la procedencia de las personas que entran en su restaurante, destaca que “sobre todo viene gente que recorre estos parajes tanto en moto, como en bicicleta y caminando. Extranjeros no vienen muchos. La mayor parte es gente tanto de León como de Galicia y Asturias, pero también del sur”.
En cuanto a lo que se sirve en su restaurante, Nathalie destaca que no solo hay comida tradicional, sino que tienen platos de toto tipo. A medio plazo, entiende que estará algo más tranquila, ya que estos primeros están siendo demasiado frenéticos. “Yo vine a Burbia para intentar vivir mejor que en Gijón. El horario es desde las ocho de la mañana hasta que se terminen las comidas y cierro los miércoles para ir a hacer la compra. Antes también daba cenas, pero aquello era insostenible”, asevera. Igual que María, de La Casa Vieja, Nathalie tiene sus reivindicaciones para mejorar el pueblo. “Destaco, por encima de todo, la carretera de cinco kilómetros que nos uniría con Aira da Pedra. En inverno somos unos cincuenta vecinos, pero en verano nos juntamos más de trescientas personas, y tener solo una vía de evacuación es muy peligroso. E insisto, solo son cinco kilómetros”.
'A orillas del Burbia', tocaba el grupo berciano Rapabestas, y a orillas del Burbia, en su nacimiento, hay un lugar que merece la pena tanto conocer como mantener. “Un pueblo no es un parque temático, es un lugar en el que viven personas todo el año, y sin servicios e infraestructuras, la gente se acaba marchando. Cuidémoslos”, finaliza la conversación Nathalie Orgaz.