El Bierzo según los jóvenes que retornan: “Las administraciones nos han intentado colar la palabra resiliencia”

“¡Bonita: si me das algo hoy, ya no te pido más hasta la Encina!”. El 8 de septiembre es un punto de referencia en Ponferrada, incluso para mendigar unas monedas por los bares del centro, como hacía Petra. “Después de la Encina, el invierno encima”, cantaba el refranero antes de que el cambio climático haya adelantado a principios de agosto esta última vendimia en la Denominación de Origen Bierzo. La realidad, en este caso socioeconómica, también obliga a poner en cuarentena otro mantra que suena a pasado: el de los políticos aprovechando la festividad local, coincidente con el Día del Bierzo, para alabar el carácter “reivindicativo y emprendedor” de una comarca que llega a esta fecha ya sin minas de carbón ni centrales térmicas buscando una nueva identidad. “Las viejas ideas no han marchado y lo nuevo no termina de llegar”, considera el cofundador y presidente de la asociación cultural El Filandón Berciano, Bruno Bodelón, que regresó a su tierra tras titularse en Ciencias Políticas y ahora estudia Derecho por la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia).

La Encina era punto de inflexión de niño para Bodelón, el momento de estirar las vacaciones escolares antes de volver a las aulas. Con 31 años de edad, se junta con Diego Carrera (30) y Jaime Romo (29), colaboradores de El Filandón Berciano, en la previa del Ponferradina-Lugo de este pasado viernes. Los tres, que se criaron en Ponferrada y han vuelto tras formarse en el exterior, reflexionan al ponerle el termómetro a la ciudad y a la comarca, que funcionan en buena medida como vasos comunicantes. “Ponferrada sigue siendo como el embudo de la gente de los pueblos del Bierzo”, determina Bruno Bodelón para dibujar un escenario de cierta indefinición: “Si quieres ver brotes verdes, los puedes ver. Si quieres verlo todo negativo, también. Lo que no ves es que haya una iniciativa emprendedora por parte de las instituciones para apostar verdaderamente por algo”. “Ponferrada maquilla lo que pasa en El Bierzo en general”, precisa Carrera, ingeniero de Caminos que volvió gracias al teletrabajo tras 12 años fuera de la comarca. “Para mí, sí estamos en un estado crítico”, tercia Romo, que estudió INEF, ejerce a distancia como entrenador personal y se recorre a pie y en bici los cuatro puntos cardinales de la comarca: “Y en 20 años va a haber muchos pueblos que van a ser pueblos fantasma”.

El Bierzo carburó económicamente durante un siglo fundamentalmente al compás de la extracción del carbón y su traslado y consumo en las térmicas. Las últimas minas cerraron en 2018 y las centrales lo hicieron en 2020. Lo mineroenergético quedó en el pasado y las administraciones hablan del presente en términos como Transición Justa y resiliencia, vocablo ante el que Bruno Bodelón tuerce el gesto. “Es una palabra que nos han intentado colar desde la Administración General del Estado y desde la autonómica para decirnos algo así como: vale, sabemos que habéis tenido un shock económico, pero ahora toca resistir porque va a llegar algo cojonudo”. A la espera de proyectos salvavidas que llevan años quedándose en el aire, Bodelón apuesta por buscar la identidad perdida sobre las huellas del propio territorio al hablar de una orografía que define su composición y del “cruce de caminos y de culturas” que han marcado su desarrollo.

Diego Carrera aboga por tomarse con cautela las alusiones al potencial natural al sostener que las administraciones las usan como un “trampantojo” que se traduce otra vez en sensaciones contrapuestas: “Te hemos desindustrializado del todo, pero valora en qué sitio más bonito vives y qué montañas tienes alrededor. Pero trabajo cada vez hay menos. Y eso tan bonito que tenemos alrededor, el año pasado casi se nos quema entero. Yo creo que juegan con nosotros con esa identidad o esas cuestiones que nos identifican”, señala un año después de que la comarca llegara al Día del Bierzo todavía chamuscada por los devastadores incendios forestales de la campaña de 2005. La dualidad Ponferrada-Bierzo asoma otra vez en el análisis. “El enfado duró literalmente diez días”, sostiene Jaime Romo al considerar que las reivindicaciones cesaron cuando el humo ya no era visible desde la plaza de Lazúrtegui aunque el fuego siguiera devorando hectáreas en la periferia.

La otrora alabada fuerza reivindicativa de la sociedad berciana también ha quedado en entredicho. Las multitudinarias manifestaciones por la minería del carbón apenas han tenido término de comparación en los últimos años con la capacidad movilizadora de OncoBierzo, la asociación de pacientes y familiares que reivindica mejores servicios oncológicos y sanitarios en la comarca. Bruno Bodelón entiende que sí permanece una “brasa encendida” en forma de “militancia latente”. “No estamos ni apagados ni dormidos, sino que estamos como desilusionados y desorganizados”, apunta sin obviar que hay que adaptar las respuestas a las nuevas realidades: “El problema de que fuera a cerrar una mina sí era tangible en el día a día, pero quizás el problema de la despoblación, de los incendios o de la falta de oportunidades es que algo que va deteriorándonos más que haciéndonos actuar tan rápido”. Diego Carrera asiente y ahonda al referir el encadenado del fin del carbón con el desmantelamiento de grandes factorías o la sangría demográfica rural: “Hay muchos frentes abiertos (...) y a la gente le duran las energías para protestar lo justo”.

El Día del Bierzo siempre ha conjugado lo reivindicativo con lo lúdico. Los ayuntamientos se suceden por orden ortográfico para hacer la ofrenda a la Virgen de la Encina, patrona de la comarca, a la que regalan sus bondades y piden por sus necesidades. El protagonismo será este año para Borrenes, que toma el relevo de Berlanga del Bierzo. “Pero se cuenta muy poco con los sentires de las personas”, afea Bodelón al echar en falta que, sin ir más lejos, el pasado año se hiciera “más hincapié” en el drama de los incendios forestales: “Faltó ser un poco más sentimentales y hacer partícipe a la gente que estuvo en primera línea, aparte de los bomberos forestales. Sí falta esa conexión con la realidad del momento. Y sobra quizás esa parte de discurso político, del blablablá, y vamos a hacer...”.

El problema de que fuera a cerrar una mina sí era tangible en el día a día, pero quizás el problema de la despoblación, de los incendios o de la falta de oportunidades es que algo que va deteriorándonos más que haciéndonos actuar tan rápido

El 8 de septiembre, ese punto de inflexión desde tantos puntos de vista, es al mismo tiempo la fiesta de Ponferrada y el Día del Bierzo. El Consejo Comarcal lideró hace años la iniciativa para que el resto de ayuntamientos renunciaran a uno de sus festivos locales en favor de la Encina. El éxito resultó modesto. “Yo creo que muchos pueblos no lo asumen porque ya tienen sus propios días, que son herencia de muchos años, aunque sí se sientan identificados con el Día del Bierzo”, opina Romo. “Yo echo en falta que haya más protagonismo de los pueblos”, aporta Carrera, en desacuerdo con “importar tradiciones castellanas” como la de las peñas. “Yo creo que habría que contar con los agentes culturales que están durante todo el año trabajando”, señala Bodelón sin dejar de sugerir la descentralización de alguna actividad o la elección de otras fechas como la de la proclamación de la provincia del Bierzo (16 de octubre) o de los Tiradores del Bierzo en torno a la Batalla de Cacabelos (3 de enero).

Hay estandartes que también se activan a la vuelta del verano como la Deportiva Ponferradina, que incluso ejerció como “parapeto emocional” cuando las derivadas de la crisis económica de 2008 se hicieron más patentes en la comarca. “Los peores años desde el punto de vista económico fueron los mejores de la Deportiva”, señala Bruno Bodelón mientras Jaime Romo relativiza el impacto: “Pero el fútbol no te da de comer. Sí es verdad que te llevas una alegría, pero si al día siguiente no tienes dónde trabajar, al final todo pasa a un segundo plano”. En lo que sí que coinciden es en destacar cómo el Estadio El Toralín ha hecho muchas veces en caja de resonancia de reivindicaciones que han ido desde la reconversión minera hasta la mejora de los servicios sanitarios.

Más allá de lo deportivo, la Ponferradina se ha convertido en un factor social. “Al final es un punto de encuentro”, dice Diego Carrera en la terraza del bar Impacto de Ponferrada en la previa del partido. Los amigos, enfundados en camisetas y bufandas, van reuniéndose. Y hacen recuento de antiguos compañeros de clase, aquellos con los que se reencontraban el 10 de septiembre en las aulas tras haber apurado las vacaciones en el recinto ferial. “Y uno de ellos es mi profe de baile tradicional”, subraya Bruno Bodelón, quien hace ver la importancia de los amigos, la cultura y el ocio para acabar asentando población. “Poder estar con tu familia es la leche”, añade quien hace años decidió retornar: “Vine principalmente para no volver cada poco en un Alsa y ver cómo ese tejido social que yo conocí en la juventud se iba deshaciendo”.

Antes de un Ponferradina-Lugo que terminó en empate, los tres jóvenes reflexionan sobre la sensación de derrota que podría estar evitando más retornos entre quienes se fueron convencidos de que el éxito residía precisamente en marchar sin contrapesar factores como la mayor calidad de vida que en una gran ciudad. Y acaban poniendo palabras a una impresión entienden que compartida por muchos de sus colegas y que le da la vuelta a la premisa que asociaba el triunfo a hacer las maletas: “Estoy ganando porque estoy volviendo”.