Las setas vuelven al Bierzo con las primeras lluvias del otoño, pero la comarca sigue esperando su Parque Micológico

Boletus reticulatus, cuarteado por el excesivo calor.

Elisabet Alba

Las primeras lluvias del otoño despiertan las setas en El Bierzo y vuelven a pillar a la comarca sin Parque Micológico y una economía sumergida del recurso. Tras una década de promesas, el Consejo Comarcal asegura que solo falta el visto bueno de la Junta de Castilla y León para que entre en funcionamiento, pero no se atreve a dar una fecha. La Asociación Cantharellus espera que sea, como tarde, para primavera.

Manuel Bernardo, presidente de la asociación micológica que lleva el nombre de una de las setas más populares de los castaños bercianos, quiere creer que esta vez será la buena, “pero llevamos diez años con esto”, manifiesta a este medio. Después de un verano seco y caluroso, confía en que la temporada sea “buena”. Más teniendo en cuenta que la pasada ha sido, según él, “la peor de los últimos 60 años”.

El consejero comarcal Luis Perales asegura que el proyecto está ya en manos de la Junta y ahora corresponde a los técnicos de la Administración revisar y aprobar el expediente. “Sería un sueño que estuviera para noviembre”, valora. Aunque siendo más realista, “a ver si para enero o febrero...”

La iniciativa nacerá con más de 15.600 hectáreas de monte de 28 ayuntamientos y juntas vecinales de la comarca. Más de 9.000 hectáreas corresponden a montes de utilidad pública y otras más de 6.500 a montes comunales. Entre los municipios y localidades incluidos figuran, entre otros, Torre del Bierzo, Villafranca del Bierzo, Castropodame, Molinaseca, Carucedo, Vega de Espinareda y Cabañas Raras. Y el objetivo es que vayan creciendo si la fórmula funciona.

El Parque supera el mínimo de 10.000 hectáreas que exige la normativa. No es una superficie continua, ni tiene que serlo. La idea es que distintos montes se incorporen al proyecto bajo una gestión común. Una herramienta, al fin y al cabo, para ordenar el aprovechamiento de un recurso natural que ya existe, conocer mejor su producción y generar actividad económica alrededor de él, desde la recogida, la transformación, la gastronomía y el turismo rural.

La gestión está prevista a través de Cesefor, entidad que trabaja desde hace años en el aprovechamiento y regulación de recursos micológicos. El control será a través de una aplicación móvil desde la que se podrán adquirir los permisos para recolectar, consultar las condiciones de acceso y recibir avisos... También permitiría diferenciar las condiciones para residentes, visitantes y personas que quieran comercializar las setas.

Las decisiones sobre las cuotas y el destino de los posibles ingresos estarán en manos de las entidades que integran el parque. Entre las posibilidades que se barajan está incluso la contratación de personal de vigilancia. Y los beneficios obtenidos se podrían reinvertir en el propio monte y en su conservación, uno de los argumentos que más tiempo lleva defendiendo el movimiento micológico berciano.

Para Manuel Bernardo, presidente de la Asociación Cantharellus, ahí está precisamente una de las claves. La regulación permitiría que parte del dinero generado por las setas regrese a los lugares donde se recolectan mediante trabajos de limpieza, desbroce y mantenimiento. “Hacer todo lo que no se hace”, sentencia.

Manuel Bernardo, de la Asociación Cantharellus, en imagen de archivo.

Diez años esperando

La Asociación Cantharellus lleva años reclamando que El Bierzo dé este paso. Bernardo recuerda que el proyecto lleva al menos una década dando vueltas y reconoce sus dudas después de tantos retrasos. La asociación quería además que la gestión pública la asumiera directamente el Consejo Comarcal, aunque el proyecto finalmente plantea que sea Cesefor quien lo haga y que el papel del Consejo sea el de una especie de coordinador entre las entidades participantes.

El consejero comarcal responsable de la tramitación, Luis Perales, considera que su parte está ya hecha. Según explica, la documentación ya ha sido registrada ante la Junta, después de corregir varios errores que obligaron a modificar la propuesta inicial. El problema, admite, es que a partir de ahora los tiempos dependen de los servicios técnicos de la Administración autonómica.

El objetivo es que el parque empiece con las hectáreas ya incorporadas y que, si funciona, se sumen posteriormente otros territorios. Algunas zonas del Bierzo, como el entorno del Alto Sil, Páramo o Palacios del Sil, no forman parte actualmente del proyecto, aunque tienen “un gran potencial” y podrían incorporarse en el futuro.

Las setas no entienden de calendario ni de cambio climático

Y mientras el proyecto espera en los despachos, el monte y el cambio climático siguen su curso. Las setas no entienden de otoño, invierno o primavera, sino de humedad y temperatura. Cuando se dan las condiciones óptimas, salen. Y en los últimos años están saliendo de manera imprevisible.

Según Bernardo, cada vez es más frecuente recoger especies en épocas poco habituales para ellas. El invierno más suave y los cambios de temperatura están alterando las temporadas tradicionales de algunas setas. El pasado mes de enero, por ejemplo, se cogieron níscalos, una seta asociada habitualmente a los meses de otoño.

La asociación relaciona estos cambios con el aumento de las temperaturas y la irregularidad de las precipitaciones. Las setas necesitan humedad y unas temperaturas adecuadas y el exceso de calor puede perjudicar su aparición. El año pasado fue especialmente malo. Bernardo, que acumula más de seis décadas siguiendo las campañas micológicas, lo considera el peor que recuerda.

Este otoño, en cambio, las primeras lluvias han permitido recuperar cierto optimismo. Si continúa lloviendo y el frío no llega de golpe, la expectativa es que la campaña pueda ser “normal”. En algunas zonas ya han empezado a aparecer ejemplares, aunque todavía es pronto para saber cómo evolucionará la climatología.

El Bierzo cuenta además con una enorme diversidad micológica. Cantharellus tiene catalogadas cerca de 1.500 especies, entre ellas Trompetas, Amanitas y otras comestibles, además de numerosos hongos sin interés gastronómico pero con un alto valor ecológico.

Amanita caesarea.

Del monte al plato: el dinero que se queda por el camino

La gran reivindicación de los defensores del parque es que las setas no sean únicamente un recurso que sale del monte para acabar en manos de intermediarios.

Bernardo pone un ejemplo para explicar el potencial económico que ofrecen: un recolector puede recibir alrededor de cuatro o cinco euros por un kilo de níscalos, mientras que ese mismo producto puede multiplicar por treinta su valor si se comercializa desecado o por veinte o veinticinco si llega a la restauración. Su propuesta pasa por generar en El Bierzo pequeñas industrias de transformación, cooperativas o canales de distribución que permitan que una mayor parte de ese valor añadido se quede en la comarca.

La comparación con la castaña aparece inevitablemente. El Bierzo ha conseguido convertir este producto tradicional en una actividad económica mucho mayor gracias, entre otras cosas, a su transformación y comercialización. La asociación considera que las setas podrían seguir un camino parecido.

También se plantea a medio plazo la posibilidad de crear algún sello o figura de calidad que identifique las setas del Bierzo, aunque primero tendría que estar en funcionamiento el sistema de regulación que permita garantizar su procedencia.

¿Y qué pasa con las setas que ya se venden?

Este es uno de los puntos más delicados del debate. Bernardo sostiene que, conforme a la normativa autonómica, la comercialización solo está permitida si las setas se cogen en cotos, terrenos privados con permiso o justificante del propietario o parques micológicos para asegurar la trazabilidad, por lo tanto, todas las setas de los montes bercianos que se vendan son 'ilegales' y toda la economía que se genera alrededor de ellas es en 'B'.

Perales resume el principal objetivo del parque como la forma de pasar de una actividad que se desarrolla en buena medida al margen de la regulación a una “economía en A”, con permisos y garantías sobre el origen y seguridad del producto. La trazabilidad es un concepto de seguridad alimentaria que asegura la procedencia de los alimentos.

La futura aplicación permitiría precisamente saber quién recoge las setas y con qué autorización, diferenciando además entre el aprovechamiento para consumo propio y el destinado a la comercialización, la producción total y el impacto real de la actividad.

Mientras tanto, El Bierzo afronta otro otoño a la espera. Por la Junta, a que dé el visto bueno al Parque Micológico. Por las lluvias, que favorezcan una buena campaña. Y, para hacer la espera más amena, la 31.ª edición las Jornadas Micológicas del Bierzo de la Asociación Cantharellus, que se celebrarán del 10 al 13 de noviembre con conferencias, actividades infantiles, exposiciones y una obra de teatro protagonizada por escolares.

La asociación insiste en que tendrá abierto durante toda la temporada su particular servicio de asesoramiento para quienes salen al monte. Los lunes y jueves, de 20.00 a 21.00 horas, atiende en el puesto 146 exterior de la Plaza de Abastos de Ponferrada, donde cualquiera puede llevar las setas que haya recogido para aprender a identificarlas y resolver dudas. Eso sí, mejor llevarlas en una cesta y nunca en una bolsa de plástico. Que para recoger, sea cual sea su gestión y retribución, hay que sembrar.

Imagen de archivo de las Jornadas Micológicas del Bierzo de la Asociación Cantharellus.
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