Un viaje por el paisaje real que lleva a lo literario en El Bierzo Oeste: de 'La lluvia amarilla' a los Maios de Villafranca
Muchos viajes, o al menos alguno, comienzan tras la lectura de un libro. Si a esto le sumamos el dicho popular “todos los caminos llevan a Roma”, me sale la siguiente fórmula: muchos viajes, o al menos alguno, me llevan a Julio Llamazares. Con esta premisa el pasado 1 de mayo recorrí con la bicicleta parte del Bierzo occidental, cuyo principio y final fue la localidad de Trabadelo, al igual que hiciera el escritor en enero de 1987 según relata en este artículo que lleva por título Julio Llamazares y la noche queda para quien es.
El objetivo de esta ruta no era otro que transitar una serie de pueblos a los que Llamazares, acompañado por José Manuel Gutiérrez Monteserín —el que fuera cartero y alcalde de Balboa—, Miguel Gonzalo García Pérez “Yuma”, el fotógrafo Ricardo Gutiérrez y la pintora y escritora descendiente de estas tierras Cristina Cerezales Laforet, tuvo que acudir con el fin de realizar un reportaje para El País, Bajo el infierno blanco, sobre la gran nevada que cayó ese año.
El camino, como indiqué, partió de Trabadelo por la senda señalizada que une esta cabecera municipal con Cantexeira. El primer pueblo es Paradela, localidad que cuenta con dos habitantes censados, aunque ese primer día de mayo no vi rastro de vida humana. Antes de llegar a Cantexeira era obligado hacer un desvío a su fervenza, la cual ofrecía un bonito espectáculo debido a las intensas lluvias de este invierno más las de primavera. Destacar, como no, la palloza convertida en restaurante con la que cuenta este pueblo del municipio de Balboa.
El recorrido continuó en constante descenso, y atravesando Pumarín la carretera nos lleva a Balboa, una localidad que supo reinventarse y sobrevivir. Hay muchos pueblos como este, por los que no pasas, si no que tienes que ir a ellos, igual que a casi todos los de la contorna. Su palloza, la Casa de las gentes y sus eventos, tales como el Reggaeboa, el Magosto Celta o la Noche mágica de San Juan son un ejemplo de ello. Un documental de hace más de veinte años, Balboa 5.5, rodado por Federica Romeo y producida por Desde el Quinto Carallo SL., muestra el municipio a ojos del cartero Monteserín —el mismo que guio los pasos de Llamazares— tal y como era esta tierra en el recién estrenado siglo XXI.
La carretera de Balboa a Chan de Villar y Ruideferros transcurre en constante ascenso regalando un paisaje espectacular, con nubes agarradas a algunas cimas y con la niebla disipándose en algunos valles. En Ruideferros termina la carretera, y un camino une esta localidad con Fuente de Oliva/Fontedoliva. Este pueblo, al que como dije, no llega la carretera, propuso en 2022 hacerse gallego ante el abandono institucional tanto de la Junta de Castilla y León como de la diputación provincial. La localidad está ante su rexurdimento, tal como explicaron para este medio varios vecinos y vecinas el año pasado, con su asociación cultural Fuentedevida como forma de aglutinar esfuerzos. Desde aquí a Castañeiras por camino y desde este a O Portelo por carretera, se llega al límite entre León y Lugo, entre en municipio de Balboa y el de Cervantes.
Desde aquí la carretera desciende hasta Villamarín y por un pequeño desvío sobre la ruta, a Ruidelamas, pueblo en el que María Brañas Vidal le regaló a Llamazares la frase con la que cerró La lluvia amarilla. “A noite queda para quien es”. Esa es la frase que esta vecina le pronunció al grupo de cinco personas que esa tarde de enero de 1987 llegaron a su casa bajo la batuta del cartero. La mujer, asustada al verlos llegar, los despidió de esa forma advirtiéndoles de la llegada de la noche, y la frase, claro, pasó a la historia de la literatura. María Brañas Vidal, de Ruidelamas, murió en el verano de 2022 en A Portela, a punto de cumplir 102 años.
De Ruidelamas el viaje continuó hasta Valverde, el alto de Moar ya en Vega de Valcarce, Samprón y, ya sin dejar el Camino Francés, Ruitelán, Vega, Ambasmestas, A Portela y finalmente, Trabadelo, donde finalizó la ruta.
Festa dos Maios de Villafranca
Sin mucho tiempo para descansar, el viajero si dirigió a Villafranca a la Festa dos Maios, declarada de Bien Turístico Provincial en 2008, donde a las dos de la tarde estaba prevista la llegada de los Maios a la Plaza Mayor, que este año salían de los barrios de Campo da Galiña, As Veigas Altas, Socubo y A Cábila.
Esta fiesta, única tanto en el País Leonés como en Galicia, lo es por el movimiento de sus Maios, ya que como indica Marisa Cela de la Escola de Gaitas de Villafranca, en Galicia pasaron de moverse a ser estáticos. En este evento se simboliza la llegada de la primavera, de la vida, donde un burro vegetal, que representa al invierno, es quemado la noche anterior después de recorrer las calles de la villa acompañado de gaitas y bailes. “Levántate Maio, bastante dormiche, pasa un burro e non o sentiche”. El texto pertenece a la canción recopilada por Javi López y es cantada tanto por vecinos como por visitantes. Esta representación, que se pierde en el tiempo sin que hasta la fecha se pueda asegurar su origen, desde los años noventa se celebra bajo la batuta de la Escola, que tienen en Marisa y Héctor Silviero a dos de sus máximos activos, y también, claro, a más de cien socios.
“Tire castañas señora María, tire castañas que as ten na cocina”. En palabras de Marisa Cela, “son varias las casas donde se tiran castañas secas, del año pasado, y ahora también caramelos, como ofrecimiento al maio, mostrando respeto a la naturaliza”. Si no tiran nada, la canción lo deja claro: “Esta casa é de losa, onde vive unha roñosa”. Para vestir un maio es necesaria la cañaveira, planta que crece en la localidad y que se debe cortar, pero nunca arrancar. La persona debe permanecer quieta mientras amigos y familiares la van cubriendo hasta dejarle apenas visible.
Cada año que pasa más vecinos se animan a visitar la villa este primero de mayo, en el que las gaitas y panderetas dan un ambiente festivo. “Cada año sale a la calle más gente, pero desde la Escola de Gaitas insistimos en que haya gente en los balcones tirando castañas, como dicta la tradición”, destaca Marisa. Tras la llegada de todos los maios a la plaza, son tumbados en el suelo, y una vez finalizado el ritual, se ponen de pie y una algarabía inunda la villa del Burbia y el Valcarce.
Para cerrar el círculo, porque hasta para un ateo y escéptico todo tiene su magia en este rincón del camiño das estrelas, el que escribe estas líneas regresó a A Portela. Allí me esperaba Eduardo Silva Bafaluy, vecino de Trabadelo. Una persona muy activa tanto en el Mercado Campesino de Cacabelos, como en la oposición a los macroparques eólicos de la zona como en la retirada de la placa de su pueblo del golpista comandante Manso. Mientras comíamos y disfrutábamos de una larga sobremesa, y aunque pueda parecer una invención, cosa que no lo es, escuchamos rebuznar varias veces al burro que pasta a diario a la vera del camino, cuya dueña es la hija de María Brañas Vidal. Recuerden, “A noite queda para quien es”.