DE RUTA

La poesía de Primout desemboca en el río Sil

Pared de la poesía en Primout

Abel Aparicio

Cuando una persona llega a la cima de Peña Orniz (2.191 msnm), en la comarca leonesa de Babia, tiene ante sus pies el nacimiento del río Sil y ante sus ojos un marco incomparable. Observando detenidamente, se intuye que lo que vendrá aguas abajo será tan diverso como espectacular, pero solo se intuye, porque hay cosas en esta vida que no se pueden ni imaginar. Del mismo modo, cuando esa persona sube al catamarán que recorre os cañons do Sil en la Ribeira Sacra, cerca de Os Peares, localidad en la que el Sil regala sus aguas al Miño, intuye lo que puede haber aguas arriba, pero este rio, que atraviesa tres provincias, a saber, León, Ourense y Lugo, es necesario recorrerlo meandro a meandro. En este reportaje nos quedaremos en su parte berciana, concretamente en uno de sus afluentes, el Primout, que riega de poesía parte del afluente más caudaloso del Miño.

Peña Orniz, nacimiento del río Sil
Ribeira Sacra

Hace tiempo, el que escribe estas líneas le comentó a un amiguete que iba a leer por primera vez ‘La lentitud de los bueyes’ y ‘Memoria de la nieve’, dos poemarios de Julio Llamazares, y recibió como respuesta: “qué envidia me das, leer esos dos poemarios por primera vez, disfrutar de esos versos como algo nuevo”. Estas palabras las recordé este sábado, al conocer el trayecto que une Pardamaza y Primout, una ruta lineal de dieciséis kilómetros a orillas del río Primout. El culpable de que hiciese esta ruta no fue otro que el libro Ángel del Sil (Club Xeitu, 2025), un homenaje al poeta Ángel González con motivo del centenario de su nacimiento, del que ya se habló de forma profunda en este periódico.

Portada Ángel del Sil
Poema Ángel González

La vida de Ángel González Muñiz no fue nada fácil. Su padre falleció cuando él apenas tenía año y medio. A esto se sumó el fusilamiento de su hermano Manolo a manos del bando sublevado, el exilio de su hermano Pedro por mantenerse fiel al gobierno republicano y la purga de magisterio de su hermana Maruja, que fue obligada a impartir clase fuera de su Asturias natal. En 1943 al poeta ovetense le detectan tuberculosis y, como posible solución a su cura, le recetan ir a “secarse” a León. Es entonces cuando se instala con su hermana en Páramo del Sil, localidad donde Maruja ejercía como maestra y que es cabecera del ayuntamiento al que pertenece la localidad de Primout, donde el poeta ejerció de maestro varios meses, tal y como lo recuerda en este documental.

Volviendo a la ruta, en la que tras una breve subida se obtiene una panorámica de Pardamaza y de las montañas que la rodean absorbidas por las nubes a primera hora de la mañana, se desciende al río Primout, cuyo cauce en esta época del año es más que notable. Un paseo de unos seis kilómetros pegado al río, con el único sonido de sus aguas, hace que tengamos tiempo para nosotros y olvidarnos de ese mundo que nos obliga a correr constantemente y a tener mil ideas en la cabeza. Tan solo el cantar de unos pájaros, el mugir de tres vacas y como dije, el fluir del agua. A medio camino nos encontramos con la cabaña Santa Cruz, que, con precarias condiciones, nos invita a pasar allí una noche o al menos, detenernos para tomar el almuerzo.

Cabaña Santa Cruz
Trayecto ruta

Caminando lentamente y olvidándonos de la rutina, llegamos al cementerio de Primout, donde en agosto de 2023 se exhumaron los restos del guerrillero antifranquista Tomás Fernández Castro, ‘Capitán Fantasma’, asesinado por la Guardia Civil el 6 de junio de 1940 tras el chivatazo de un pastor. Buen momento este para rebatir unas frases cada vez más repetidas: “en el Franquismo se vivía mejor” y “esto con Franco no pasaba”. En este punto se encuentran la senda de la ruta y la pista que viene desde Páramo del Sil, ayuntamiento que supo y sabe guardar el legado de Ángel González, poeta de la generación del 50, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1985, Premio Internacional Salerno de Poesía 1991, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 1996, Premio Julián Besteiro de las Artes y las Letras 2001 y Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca 2004.

Ya en Primout, pueblo que quedó abandonado en los años ochenta y que tuvo una segunda vida en los noventa debido al movimiento ‘hippie’, dos perros que ejercen de buenos anfitriones junto al humo de una chimenea es todo lo que el viajero aprecia como movimiento, con permiso, claro, del fuerte torrente de agua que transcurre bajo el pequeño puente de Primout. Varias casas rehabilitadas y una gran mayoría abandonadas es lo que ofrece este pueblo custodiado por unas montañas cargadas de nieve.

Entrada Primout
Iglesia y puente Primout

Pateando cada rincón de este místico lugar, sin ni si quiera saber de la existencia del tesoro que le aguardaba, el viajero se da de bruces con la “Pared de la poesía”. Una pared cubierta de piezas de pizarra y en cada una de ellas un poema escrito a mano. Patty Smith, José Agustín Goitisolo, Rosa Chacel, Gabriel Celaya, Federico García Lorca, Julio Llamazares, Alba Flores Robla o el propio Ángel González, entre otros muchos nombres, tienen el privilegio de estar presentes en este monumento a la poesía.

Pared de la poesía en Primout

Durante la comida, sentado en un banco de piedra y resguardado de la débil llovizna que dominaba el ambiente, se hizo imposible apartar la mirada de las montañas que rodean este enclave y volver a recorrer cada casa, ya estuviese restaurada o derribada. Cumplido escrupulosamente el tiempo de descanso, llegó el momento de iniciar el regreso a Pardamaza, que discurre por el mismo camino, pero esta vez, aguas abajo. Ya en Pardamaza, donde el cielo encapotado de la mañana dejó paso a la claridad de la tarde, tocaba realizar el regreso, ahora en coche, hasta Toreno, donde nos encontraremos con dos de los pilares fundamentales de esta villa: el trazado del Ponfeblino y el río Sil, al que apenas dos kilómetros arriba entregaba sus aguas el Primout. Sobre el puente del río Sil recordé uno de los versos que aparecen en el libro Ángel del Sil, escritos por Eva Rico Díaz:

Y entonces comprendí que este río es también un poema que nadie escribe

pero que todos leen al pasar. Algo cotidiano que nos atraviesa a todos.

Etiquetas
stats