El 'útero' de Gistredo vuelve a llenarse de literatura, música, memoria y afectos
Volvemos, un año más, a celebrar el encuentro literario en el útero de Gistredo. Qué bien suena. El útero de Gistredo acaso sea un territorio mítico a la vez que real, como Macondo, Celama, Comala o Región. Y ya van diecisiete ediciones, lo que es indicativo de que el tiempo corre que vuela y, a la vez, una maravilla, porque significa que seguimos en la senda, celebrándolo por todo lo alto, con ilusión. Ay, la ilusión, eso último que se pierde. Sin ella, nos sentiríamos apagados.
Me alegra, como organizador de este encuentro desde que lo pusiera en marcha allá por 2010, comprobar que las personas invitadas acuden gustosas y que, incluso, algunas me dicen que les gustaría participar, aunque no figuren en el cartel. El cartel, al fin y al cabo, es un mero formalismo. El encuentro literario es, y debe seguir siendo, algo vivo, dinámico, abierto a quienes quieran leer, recitar o aportar su particular visión literaria del mundo y de sí mismos. Tanto es así que, de entre el público, se levantó Charo Leyva para leernos algo de su libro '108 poemas', que tuvo a bien obsequiarme.
Qué maravillosa es la literatura, la escritura. Y qué haríamos sin ellas.
También me alegró encontrarme con tantas personas que siguen fielmente el encuentro, junto a otras que acudían por primera vez. Un gustazo contar con un público tan entregado, incluso diría que emocionado, porque por momentos se percibió la emoción en los ojos de algunas personas, como José Manuel, por ejemplo. Y no era para menos, habida cuenta de que también presentamos el reciente número de verano de la revista 'La Curuja', cuya portada y páginas interiores rinden homenaje a Pepín el de Olina, aquel hombre hospitalario y entrañable que nos dejó durante la pasada Semana Santa.
Fue hermoso compartir momentos tan emotivos tanto con quienes intervinieron como con el público. Uno mismo tuvo también el placer de leer algo que compuse con motivo de una estancia literaria, el pasado mes de mayo, en Paredes de Nava, ese bello pueblo palentino donde, según la tradición, nació el gran poeta Jorge Manrique, el autor de las inmortales 'Coplas a la muerte de su padre'.
En esta ocasión nos acompañaron como participantes Camino Pastrana, Isabel Llanos, Mónica Balboa y Carlos Attadía, además de Nidia Beltramo, Roberto Arias Alba y María Encina Rodríguez de Paz.
Nidia Beltramo, argentina de origen, aunque afincada desde hace algún tiempo en el Bierzo, concretamente en Congosto, la cuna del navegante Álvaro de Mendaña, es una narradora de reconocido recorrido. Tuve el gusto de compartir con ella un recital en O Barco de Valdeorras y también participó, hace dos años, en el encuentro literario de Noceda del Bierzo.
A Roberto Arias Alba, originario de Valtuille, en el Bierzo, también lo conozco desde hace años. Hemos compartido encuentros literarios y alguna presentación de libros. Es el poeta total, como lo define su primo, el narrador Paco Arias Ferrero, que también estuvo entre el público y que, una vez terminado el encuentro, tuvo el estupendo detalle de obsequiarnos con sus vinos. Se lo agradecemos de corazón.
María Encina Rodríguez de Paz, colaboradora de 'La Curuja', al igual que Nidia Beltramo, ya había participado en el encuentro del pasado año y quiso repetir en esta edición. Sobre todo, porque le hacía mucha ilusión a su marido, a quien deseamos lo mejor en esta etapa de delicada salud.
Encina pertenece a la saga de los Paz, una auténtica saga familiar literaria que, salvando las distancias, me recuerda a los Buendía de los que nos habló el Nobel García Márquez en 'Cien años de soledad'. Varios miembros de la familia Paz nos acompañaron, entre ellos Nanci, Pili, Venancio y Chente, que además nos acompañó después a El Nogal, tras el encuentro y la degustación de los vinos de Paco Arias Ferrero.
Fue una velada realmente deliciosa, al amor de las viandas, la cerveza, el vino, las conversaciones, las risas y las sonrisas. Y con un Chente colosal, un narrador nato, contando historias de su familia, de sus padres, de sus tíos Esteban y Eugenio y de tantas otras vivencias. Momentos así son también literatura, aunque no estén escritos en ningún libro.
En cuanto a los participantes que figuraban en el cartel, Carlos Attadía, porteño de nacimiento aunque lleva ya más de treinta años en el Bierzo, puso la música y amenizó el encuentro con sus canciones y su poesía musicalizada. A Carlos lo conocí hace años, creo recordar que a través del músico Carlos Huerta. Y gracias a aquellos caminos de la música también pude conocer a otro fenómeno, Ángel Petisme.
Attadía, con sus sonidos y sus versos, nos llevó en cierto modo hasta Buenos Aires, esa ciudad que me dejó maravillado cuando la visité hace ya más de veinte años. El tiempo, siempre el tiempo, que no deja de correr.
Mónica Balboa, narradora y cinéfila berciana, autora de una página web dedicada al cine, nos leyó un relato hermoso que, quizá, con su beneplácito, podamos incluir en algún número de 'La Curuja'. Sería un placer.
Por su parte, la polifacética Isabel Llanos, que por cuarta vez se acerca al útero de Gistredo para participar en el encuentro, nos habló de su reciente libro de poemas y nos leyó algunos de ellos con el arte que la caracteriza. Porque Isabel, además de poeta y narradora, es actriz. Leonesa que vive en la diáspora, como tantos y tantas leonesas, en su caso en la Ciudad Condal.
Y para finalizar este recorrido literario nos acompañó, por tercera vez, la gran Camino Pastrana. Qué grande eres, Camino. Un ser de luz, una mujer de increíble inteligencia emocional, excelente comunicadora y periodista, maravillosa narradora leonesa y, sobre todo, un amor de persona. Nos leyó un cuento lleno de ternura dedicado a su pequeña Gracia, que nos dejó con la emoción a flor de piel.
A todas y a todos les agradezco que nos tocaran con sus palabras, que compartieran su sensibilidad, sus historias, sus versos, sus músicas.
Y a todas las personas que asistieron me gustaría mencionarlas, pero a buen seguro se me olvidaría alguien. No obstante, me apetece hacer una mención especial a los expertos fotógrafos Jesús Madero y José Baillo, ambos de La Mancha, que se ocuparon de hacer fotografías del acto, aunque todavía no me las han pasado. También a Ed, el compañero de Nidia Beltramo, que sí hizo fotografías y me las ha pasado; y, por supuesto, a Victoria, que también tiró algunas instantáneas, que me ha pasado y cuya presencia siempre es motivo de inspiración.
Y agradecerle especialmente a Camino Pastrana que viajara con su chico desde Madrid, justo después de salir ella de trabajar, para llegar unos minutos antes de que diera comienzo el encuentro literario. Vaya mérito el suyo, lo cual es muy de agradecer.
Así que, un año más, el útero de Gistredo volvió a llenarse de literatura, de música, de memoria, de afectos y de palabras. Y mientras haya ilusión, mientras haya personas dispuestas a compartir lo que escriben y otras dispuestas a escuchar, seguiremos celebrando este encuentro. Porque la literatura, como la vida, necesita de quienes la mantengan viva.
Y qué maravilla poder seguir aquí, diecisiete ediciones después, celebrándolo juntos.