Tres décadas de retos extremos por causas sociales: Basurco cruza el canal de la Mancha por los oncólogos del Bierzo
Como la distancia más corta entre dos puntos no siempre es la línea recta, Miguel Martínez Basurco se bajó del tren de regreso de una competición en Cataluña para tomar dirección a Santiago de Compostela antes de regresar a Villafranca del Bierzo, donde había ardido el albergue de peregrinos de Jesús Jato. Había que echar una mano y él puso a funcionar las piernas y el corazón para participar en una campaña de recaudación. Fue apenas unos meses antes de que a finales de 1995 Ponferrada quisiera ponerse el apellido de universitaria y Basurco corriera 24 horas seguidas llenas de giros de 180 grados por el Polígono de las Huertas del Sacramento. Hizo en 2011 siete maratones seguidos por los cuatro costados de la comarca cuando en su hoya se planteó un proyecto de incineración de residuos. Y ahora que la sociedad berciana reclama oncólogos y mejores servicios sanitarios, se echa al agua: primero para cruzar el estrecho de Gibraltar y, de forma inminente, para nadar haciendo la trayectoria de una S gigante entre Dover y Calais por el canal de la Mancha. Es la enésima basurcada.
Martínez Basurco insiste en que era poco consciente de lo que hacía cuando a principios de diciembre de 1995 se calzó las zapatillas para correr 24 horas seguidas con la reivindicación de que Ponferrada contara con centros universitarios. Cuando concluyó aquella aventura no sin apuros (tuvo una crisis por una descompensación de los niveles de azúcar que obligó a intervenir de madrugada al doctor Antonio Domingo Laredo), sí sacó una conclusión. “El deporte es la mejor herramienta para juntar gente”, dice por teléfono desde su carnicería de Villafranca del Bierzo en estos días en que el Campeonato del Mundo de fútbol se convierte en un catalizador de masas. Aquel reto, que llegó hasta las páginas de diarios de tirada nacional y los micrófonos de José María García, fue como una revelación: la de la importancia de este tipo de actividades para “visibilizar” problemas.
Con tres décadas de perspectiva, algunas cosas han cambiado. “Antes había más implicación de la gente de fuera. Y ahora tengo la sensación de que me implico yo más”, señala en un contexto de patente desmovilización social. El comentario generalizado que recibe cuando sus allegados se enteran de cada nuevo reto apenas ha variado en el matiz. “Antes me decían que estaba loco; y ahora me dicen que tengo poco sentido”, cuenta riendo con su habitual estilo desenfadado al referir lo que le dijo su madre cuando supo que iba a intentar cruzar a nado nada menos que el canal de la Mancha, el que une el Reino Unido del continente europeo: “Cada vez tienes menos sentido”.
Lo que mantiene Basurco es su espíritu reivindicativo. “No me gusta repetir cosas que son de sentido común. Como buen TDAH, no entiendo que no pase nada y que no haya repercusiones cuando algo se hace mal. ¿Cómo no va a pasar nada? Me da pena y tristeza. Hace treinta años, si metías la pata, había consecuencias”, espeta quien rondaba los 25 años cuando corrió por los centros universitarios en 1995 (y en 1996 se estrenó el Campus de Ponferrada) y tiene ahora 55 cuando las reivindicaciones de la plataforma OncoBierzo de contar con una plantilla estable de oncólogos y mejores servicios sanitarios en la comarca no acaban de pasar de la calle a la realidad.
Antes había más implicación de la gente de fuera. Y ahora tengo la sensación de que me implico yo más. Antes me decían que estaba loco; y ahora me dicen que tengo poco sentido
La montaña era el hábitat de un deportista que empezó a exprimir su cuerpo pedaleando y corriendo. Tras una lesión en un pie en 2006, comenzó a nadar, también una forma de terapia para paliar los dolores de espalda asociados a su trabajo. Del ultrafondo pasó al triatlón. “Y yo vengo de la montaña. Pero hoy el mar es lo que más me gusta”, contrasta para hacer un paralelismo y referirse a la “neuronatación”: “Tienes que tener una percepción del medio en el que te mueves. Es como tener wifi: hay que conectar con el agua para poder fluir”. Aun admitiendo que es y será para siempre “corredor”, también es consciente de que con 70 u 80 años será más fácil nadar.
El reto de ahora es de aúpa, incluso comparado con el paso del estrecho de Gibraltar, que cruzó en mayo de 2025: 18 kilómetros (serían unos 15 en línea recta) en menos de cinco horas. “Es como comparar subir el Mont Blanc con subir el K2”, ilustra sobre la S “enorme” que tendrá que hacer para unir los 34 kilómetros que separan en línea recta Dover y Calais con la previsión de nadar realmente entre 40 y 50 kilómetros en un tiempo de entre 16 y 20 horas. “Esto se sale de mi zona de control. Va a ser imprevisible”, admite. Basurco afronta ahora esta aventura, para la que se ha preparado recurrentemente en la costa gallega y con un toma de contacto puntual con el agua “congelada” del norte de Europa, ya con entrenador y nutricionista frente a las limitaciones de los comienzos, pero también con otros resortes de autoprotección ante un esfuerzo descomunal si las circunstancias se complicaran: “Ahora me salta el piloto automático; y antes no me saltaba”.
La situación personal también es distinta, ahora con familia y negocio por cuenta propia, reconoce por teléfono en un paréntesis para esta entrevista en su carnicería a su vez interrumpido a veces por instrucciones a sus empleados sobre el precio de los costillares. El “peso de la vida” se nota al echar la vista atrás y comparar dos etapas diferentes sin restar un ápice de emotividad para quien suele decir que “lo que se hace con cariño está muy bien hecho”. “Y yo”, remacha, “lo vivo con mucha intensidad porque esto me encanta”.
Cuando entre el 13 y el 19 de julio se abran las ventanas de oportunidad para saltar al agua, habrá dos carreras paralelas. Martínez Basurco afrontará “la travesía de las travesías”, la que ya tenía en la diana cuando cruzó el estrecho de Gibraltar. La plataforma OncoBierzo, la que ha galvanizado la reivindicación por una mejora de los servicios sanitarios de la comarca, convive con la travesía del desierto de pacientes sometidos a trastornos para recibir radioterapia o cambios constantes de oncólogos, incluso aquel día de 2024 en que el Hospital El Bierzo tuvo que cancelar las consultas por falta de especialistas.
OncoBierzo, que se ha anotado hitos como el notable éxito de participación en manifestaciones como la convocada en Ponferrada en diciembre de aquel 2024, también es víctima de los tiempos actuales, incluso en la presencia mediática, uno de sus baluartes. “Hay cosas que hoy son noticia y mañana ya se olvidaron. Y OncoBierzo hoy ya no es tanta noticia”, lamenta Miguel Martínez Basurco con la esperanza de que, él nadando entre Dover y Calais y la plataforma remando en distintos frentes por la calidad sanitaria, no se acaben quedando en la orilla.